La apuesta que me convirtió en su peor error

CAPÍTULO 21 La habitación 2704

Ana Julia no durmió aquella noche.

Cada vez que cerraba los ojos, volvía a leer el mensaje.

“Si quieres volver a verlo, ven sola al lugar donde comenzó todo.”

Su padre.

Después de tantos años.

Después de haber llorado por él.

Después de haber visitado un lugar donde creyó que descansaban sus restos.

¿Estaba realmente vivo?

Ana Julia permanecía sentada junto a la ventana mientras el cielo comenzaba a aclararse.

La ciudad despertaba lentamente.

Pero para ella aquella mañana no era como las demás.

Sentía que algo estaba a punto de terminar.

O de comenzar.

Detrás de ella, escuchó unos pasos.

—Sabía que no estabas durmiendo.

Ana Julia se giró.

Gael estaba en la puerta.

—¿Y tú?

—Tampoco.

Ella volvió a mirar por la ventana.

—No puedo dejar de pensar que podría verlo.

Gael se acercó lentamente.

—Lo sé.

—¿Y si realmente está allí?

—Entonces tendrás las respuestas que has estado buscando.

Ana Julia soltó una pequeña risa sin alegría.

—¿Y si no quiero escuchar las respuestas?

Gael permaneció en silencio.

Ella lo miró.

—¿Qué pasa si descubro que mi padre me abandonó?

—Entonces sabremos por qué lo hizo.

—Eso no significa que pueda perdonarlo.

—No tienes que hacerlo.

Ana Julia bajó la mirada.

—Durante años pensé que estaba muerto.

Gael se sentó frente a ella.

—Y durante años yo también pensé que mi padre estaba muerto.

Ana Julia levantó los ojos.

Por primera vez, comprendió que Gael también estaba enfrentando algo que podía destruir todo lo que creía saber.

—¿Tienes miedo?

Él sonrió débilmente.

—Mucho.

Ana Julia asintió.

—Yo también.

Minho llegó temprano.

Había pasado la noche investigando la dirección que habían recibido.

—Encontré algo —dijo apenas entró.

Gael se levantó.

—¿Qué?

Minho dejó varios documentos sobre la mesa.

—La habitación 2704 no aparece en los registros actuales del Hotel Hanseong.

Ana Julia frunció el ceño.

—Eso ya lo sabíamos.

—Sí, pero encontré algo diferente.

Sacó una fotografía del antiguo plano del edificio.

—Después de la remodelación, el piso veintisiete cambió completamente.

Gael observó el documento.

—¿Y?

Minho señaló una zona.

—La habitación 2704 estaba aquí.

Ana Julia se acercó.

—¿Qué hay ahora?

Minho levantó la mirada.

—Oficialmente, nada.

—¿Cómo que nada?

—En los planos actuales aparece como un espacio cerrado.

Gael frunció el ceño.

—¿Un almacén?

—No.

Minho negó.

—No tiene ninguna función registrada.

Ana Julia sintió un escalofrío.

—Entonces alguien lo cerró.

—Eso parece.

—¿Y por qué enviarnos precisamente allí? —preguntó Gael.

Minho guardó silencio.

—Porque quieren que encontremos algo.

Ana Julia miró nuevamente el plano.

—O porque quieren atraparnos.

—No vamos todos —dijo Gael.

Ana Julia lo miró inmediatamente.

—¿Qué quieres decir?

—Tú no vas a entrar.

—Claro que voy a entrar.

—Ana, no sabemos quién envió ese mensaje.

—Precisamente por eso necesito ir.

—Podría ser una trampa.

—Podría ser mi padre.

Gael apretó la mandíbula.

—No quiero que te pase nada.

Ana Julia se acercó.

—Y yo no quiero que sigas decidiendo por mí.

Las palabras hicieron que Gael guardara silencio.

Ella respiró profundamente.

—Ya sé que estás intentando protegerme.

—Sí.

—Pero esta vez no puedes alejarme de la verdad.

Gael bajó la mirada.

—No quiero controlarte.

—Entonces confía en mí.

Él levantó los ojos.

Ana Julia sostuvo su mirada.

Después de unos segundos, Gael finalmente asintió.

—Está bien.

Minho tomó las llaves del automóvil.

—Entonces vamos juntos.

El Hotel Hanseong parecía diferente aquella mañana.

Ana Julia lo observó desde el automóvil.

Recordó la primera vez que habían ido.

No imaginaba que regresarían tan pronto.

Pero ahora sabían demasiado.

Sabían que sus padres habían estado allí.

Sabían que la habitación 2704 había existido.

Sabían que alguien había mantenido aquel lugar oculto durante años.

Y, sobre todo, sabían que alguien quería que Ana Julia regresara.

—Hay algo más —dijo Minho.

Gael lo miró.

—¿Qué?

—Antes de venir recibí información sobre la habitación.

Ana Julia giró la cabeza.

—¿Qué información?

—Alguien entró allí anoche.

El automóvil quedó en silencio.

—¿Quién? —preguntó Gael.

—No aparece en las cámaras.

—¿Cómo es posible?

—La cámara del pasillo dejó de funcionar durante doce minutos.

Ana Julia sintió un escalofrío.

—Doce minutos...

—Tiempo suficiente para entrar y salir.

Gael miró hacia el hotel.

—Entonces no somos los únicos que sabemos cómo llegar.

Entraron al edificio.

El administrador los estaba esperando.

Parecía nervioso.

—No deberían estar aquí.

Gael lo miró.

—¿Por qué?

El hombre bajó la voz.

—Porque anoche alguien preguntó por ustedes.

Ana Julia se quedó inmóvil.

—¿Por nosotros?

—Preguntaron específicamente por Ana Julia.

Gael dio un paso adelante.

—¿Quién?

—No lo sé.

—¿Cómo era?

—Un hombre.

Ana Julia sintió que el corazón comenzaba a latir más rápido.

—¿Lo había visto antes?

El administrador negó.

—Nunca.

—¿Qué quería?

—Saber si ustedes habían venido al hotel.

Ana Julia intercambió una mirada con Gael.

—¿Le dijo algo?

—No.

El hombre respiró profundamente.

—Pero dejó esto.

Sacó una pequeña tarjeta.

Ana Julia la tomó.




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