La apuesta que me convirtió en su peor error

CAPÍTULO 22 EL HOMBRE QUE NUNCA MURIÓ

—Esta vez nadie va a escapar.

La voz del hombre resonó en la habitación 2704.

Ana Julia sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

Gael se quedó inmóvil.

Durante unos segundos, ninguno de los tres dijo una palabra.

El hombre que estaba frente a ellos era imposible.

Gael lo había visto por última vez en una fotografía tomada años atrás.

Una fotografía que había sido utilizada para confirmar su muerte.

Su tío.

El hermano de su padre.

El hombre al que todos habían llorado.

El hombre que, según los documentos oficiales, había muerto hacía años.

Pero estaba allí.

Vivo.

Y los estaba mirando.

—Tú… —murmuró Gael.

El hombre inclinó ligeramente la cabeza.

—Sí.

Gael dio un paso hacia adelante.

—Te vi en tu funeral.

—No.

—Vi tu ataúd.

—Viste un ataúd.

Gael apretó los puños.

—¿Cómo puedes estar vivo?

El tío de Gael sonrió con una tranquilidad que hizo que Ana Julia sintiera todavía más miedo.

—Porque nunca estuve muerto.

Gael respiró profundamente.

—Entonces todo fue una mentira.

—No todo.

—¿Qué parte no fue una mentira?

El hombre miró a Ana Julia.

—La parte en la que nuestras familias estaban en peligro.

Ana Julia sintió un escalofrío.

—¿Qué tiene que ver mi familia con la suya?

El tío de Gael no respondió inmediatamente.

Miró la mesa.

Después observó las fotografías que habían encontrado dentro de la caja.

Una de ellas mostraba a Héctor Han.

Otra mostraba al padre de Gael.

Y en otra aparecía el propio tío de Gael junto a ellos.

—Todo comenzó mucho antes de que ustedes nacieran.

Ana Julia sintió que el corazón comenzaba a latirle con fuerza.

—Entonces díganos la verdad.

El hombre la miró fijamente.

—La verdad no es algo que puedas escuchar y olvidar después.

—No me importa.

—Debería importarte.

—Ya perdí demasiados años creyendo mentiras.

El hombre permaneció en silencio.

Ana Julia dio un paso hacia él.

—Creí que mi padre estaba muerto.

El hombre bajó la mirada.

—Lo sé.

—Mi madre también me hizo creer que estaba muerto.

—Lo sé.

—Y ahora descubro que mi padre está vivo.

—Sí.

Ana Julia tragó saliva.

—¿Y usted sabía todo esto?

—Sí.

Aquella respuesta fue suficiente para hacer que Ana Julia sintiera rabia.

—¿Cuánto tiempo?

El hombre la observó.

—Desde el principio.

Gael se volvió hacia su tío.

—¿Desde el principio de qué?

—De la apuesta.

La palabra quedó suspendida en el aire.

Ana Julia sintió un vacío en el estómago.

Gael levantó la mirada.

—¿La apuesta?

—Sí.

—¿Tú sabías que iban a utilizarme?

—Sabía que iban a utilizarte.

Gael se acercó.

—¿Y no hiciste nada?

El hombre mantuvo la calma.

—Hice mucho.

—¡Entonces explícame por qué Ana terminó destruida!

La voz de Gael golpeó las paredes.

Ana Julia cerró los ojos por un instante.

Aquella frase todavía dolía.

Aunque hubieran pasado años.

Aunque su vida hubiera cambiado.

Aunque tuviera un hijo.

Aquella noche seguía viviendo dentro de ella.

El hombre miró a Gael.

—Porque llegamos demasiado tarde.

—¿Quiénes?

—Tu padre. Héctor. Yo.

Ana Julia abrió los ojos.

—¿Mi padre estaba intentando detener la apuesta?

—Tu padre descubrió lo que estaba ocurriendo.

—¿Cuándo?

—Antes de que tú lo supieras.

Ana Julia sintió que las piernas le temblaban.

—Entonces él sabía que Gael iba a acercarse a mí.

—Sí.

Gael frunció el ceño.

—¿Mi padre también lo sabía?

—Sí.

Gael retrocedió.

—No entiendo.

—Porque te falta una pieza.

El hombre caminó hasta la mesa y tomó la fotografía de los cuatro hombres.

—Esta fotografía fue tomada tres meses antes de la apuesta.

Ana Julia se acercó.

—¿Quién es la mujer?

El tío de Gael la miró.

—Alguien que ustedes creían que no tenía nada que ver.

—¿Quién?

El hombre dejó la fotografía sobre la mesa.

—Tu madre.

Ana Julia dejó de respirar por un segundo.

—¿Mi madre?

—Sí.

Gael miró la fotografía.

—Entonces mi padre, Héctor, tu tío y la madre de Ana se conocían.

—No solamente se conocían.

El hombre hizo una pausa.

—Trabajaban juntos.

Ana Julia negó lentamente con la cabeza.

—Mi madre nunca me habló de eso.

—Porque tenía miedo.

—¿De quién?

El hombre miró hacia la puerta.

—De las mismas personas que ahora saben que ustedes están aquí.

Un ruido metálico se escuchó en el pasillo.

Los tres se quedaron quietos.

Gael levantó una mano.

—¿Escucharon eso?

Ana Julia asintió.

El tío de Gael apagó inmediatamente la luz.

La habitación quedó completamente oscura.

Ana Julia sintió cómo Gael se colocaba delante de ella.

—No te muevas —susurró Gael.

—¿Quién está afuera?

El tío respondió en voz baja.

—No lo sé.

Se escucharon pasos.

Uno.

Dos.

Tres.

Alguien estaba caminando frente a la puerta.

Ana Julia contuvo la respiración.

Los pasos se detuvieron.

Gael miró hacia la puerta.

El tío de Gael sacó una pequeña llave del bolsillo.

—Hay otra salida.

—¿Otra salida? —susurró Gael.

—Esta habitación fue construida precisamente para que alguien pudiera desaparecer sin ser visto.

—¿Y tú cómo sabes eso?

—Porque ayudé a construirla.

Gael lo miró con incredulidad.

—¿Qué demonios era este lugar?

—Un lugar para guardar secretos.

La puerta exterior hizo un pequeño ruido.

El tío señaló una pared.

—Muévanse.

Los tres caminaron rápidamente hacia la pared del fondo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.