El silencio dentro de la habitación era insoportable.
Ana Julia miraba a Camille.
Camille la observaba con una tranquilidad que le provocaba escalofríos.
Daniel permanecía detrás de Camille, con los brazos cruzados.
Y su madre estaba a un lado, con el rostro lleno de lágrimas.
Ana Julia no podía creer lo que estaba viendo.
—¿Dónde está mi hijo?
Camille levantó lentamente el teléfono.
—Si quieres volver a verlo, tendrás que escucharme.
Gael se colocó delante de Ana Julia.
—No vas a tocarla.
Camille sonrió.
—Sigues protegiéndola.
Gael no respondió.
—Después de tantos años —continuó Camille—, todavía no entiendes que proteger a Ana Julia fue precisamente lo que provocó todo.
—No —respondió Gael—. Lo que provocó todo fue gente como tú.
Camille soltó una pequeña risa.
—No fui yo quien puso la apuesta.
Ana Julia sintió un escalofrío.
—Entonces dime quién.
Camille miró a la madre de Ana Julia.
La mujer bajó la mirada.
Ana Julia comprendió inmediatamente.
—Mamá…
Su madre comenzó a llorar.
—Perdóname.
Ana Julia sintió que algo dentro de ella se rompía.
—¿Tú?
Su madre negó con la cabeza.
—Yo no puse la apuesta.
Camille intervino.
—Pero ella sabía quién la puso.
Ana Julia miró a su madre.
—¿Quién?
Su madre tardó varios segundos en responder.
—Tu tío.
Ana Julia frunció el ceño.
—¿Mi tío?
—El hermano de tu padre.
Héctor cerró los ojos.
El tío de Gael permaneció en silencio.
Ana Julia miró a ambos hombres.
—Explíquenme.
Héctor respiró profundamente.
—Tu tío descubrió que nuestras familias estaban siendo investigadas por personas que querían apoderarse de ciertos documentos.
—¿Y qué tiene que ver mi tío?
—Él colaboraba con ellos.
Ana Julia sintió que la sangre se le helaba.
—¿Mi propio tío?
Su madre asintió.
—Durante años fingió ayudarnos.
Héctor continuó:
—Cuando descubrió que tú eras la heredera de la información que buscaban, decidió utilizarte.
Ana Julia sintió lágrimas en los ojos.
—Entonces la apuesta…
—Fue creada para destruir tu reputación —dijo Héctor— y obligarte a abandonar Corea.
Gael miró a Camille.
—¿Y tú?
Camille permaneció callada.
—¿Por qué entraste en la vida de Ana?
Camille bajó el teléfono.
—Porque me pagaron.
Ana Julia sintió que el pecho le dolía.
—Yo confié en ti.
—Lo sé.
—Te conté todo.
—Lo sé.
—Conociste a mi hijo.
Camille bajó la mirada.
—Nunca quise hacerle daño.
Ana Julia dio un paso hacia ella.
—Entonces dime dónde está.
Camille señaló una puerta.
—Detrás de esa pared.
Ana Julia corrió.
Gael intentó detenerla.
—Ana, espera.
Pero ella ya había encontrado una pequeña puerta.
La abrió.
Y allí estaba.
Su hijo.
Sentado en una silla, asustado, pero completamente ileso.
—¡Mamá!
Ana Julia corrió hacia él.
Lo abrazó con todas sus fuerzas.
—Estoy aquí.
—Pensé que no ibas a venir.
Ana Julia cerró los ojos.
—Siempre voy a venir por ti.
Gael observaba desde la puerta.
Por primera vez en mucho tiempo, una sonrisa apareció en su rostro.
El niño miró a Gael.
Después a Ana Julia.
—¿Él vino contigo?
Ana Julia quedó inmóvil.
Gael también.
Era la pregunta que había esperado durante años.
Ana Julia se arrodilló frente a su hijo.
—Sí.
El niño miró nuevamente a Gael.
—¿Quién es?
Ana Julia respiró profundamente.
Ya no quería mentir.
No después de todo lo que habían vivido.
—Él es Gael.
El niño lo observó.
—¿Es mi papá?
Ana Julia sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
Gael permaneció en silencio.
Finalmente, Ana Julia respondió:
—Sí.
El niño no dijo nada.
Simplemente se acercó a Gael.
Gael se arrodilló.
—Hola.
El niño lo miró durante unos segundos.
—Hola.
Gael sonrió.
—He esperado mucho tiempo para conocerte.
El niño bajó la mirada.
—Yo también.
Ana Julia se llevó una mano al corazón.
Aquella escena era exactamente lo que había temido durante años.
Pero también era algo que, en el fondo, había deseado.
Mientras Ana Julia permanecía con su hijo, Gael regresó a la habitación.
Su tío estaba hablando con Héctor.
—Se acabó —dijo Gael.
Los dos hombres lo miraron.
—¿Qué?
—Todo.
Gael dejó la memoria sobre la mesa.
—Los documentos están aquí.
Héctor asintió.
—Entonces podemos entregar todo.
El tío de Gael negó.
—Todavía no.
Gael lo miró.
—¿Qué significa eso?
—La persona que realmente puso el dinero todavía está libre.
Camille levantó la cabeza.
—No.
Todos la miraron.
—¿Qué?
Camille comenzó a llorar.
—Yo sé quién fue.
Ana Julia salió de la otra habitación con su hijo.
—¿Quién?
Camille miró a Ana.
—Tu madre.
Ana Julia se quedó inmóvil.
Su madre comenzó a llorar.
—No.
—¡Mamá!
—Yo no quería hacerlo.
Ana Julia retrocedió.
—¿Qué hiciste?
Su madre se cubrió el rostro.
—Tu padre estaba en peligro.
Héctor la miró.
—No.
—Me obligaron.
—Tú aceptaste.
—¡Porque querían matarte!
Ana Julia sintió que el mundo se detenía.
Su madre continuó:
—Me dijeron que si no colaboraba, Héctor moriría.
Héctor cerró los ojos.
—Por eso te alejaste de mí.
Ella asintió.
—Pensé que si hacía lo que pedían, todo terminaría.
—Pero no terminó.
—No.
Ana Julia miró a su madre.
—¿Tú permitiste que destruyeran mi vida?