La chica de las Manzanas

Capítulo 1: La chica de las manzanas

El mercado despertaba antes que el sol.

Mientras la ciudad aún bostezaba, Marla Montero Lorenzo ya acomodaba cajas de frutas con una precisión que parecía un ritual. Las manzanas rojas iban al frente, las verdes a un lado y las amarillas en pequeñas pirámides.

—Las más bonitas primero —murmuró sonriendo.

Su abuelo solía decir que una fruta bien colocada podía alegrarle el día a alguien. Aunque él ya no estaba, Marla seguía haciéndolo igual.

Los primeros clientes llegaron poco después.

Una señora mayor compró dos manzanas.

Un niño insistió en llevar la más grande.

Un joven no tenía suficiente dinero para una pera, y Marla se la regaló.

—Gracias... de verdad.

—No me las agradezcas. Solo prométeme que mañana desayunarás.

Así era ella.

Siempre encontraba una forma de cuidar a los demás.

A varios kilómetros de allí, Adrián Ferrer cerró con frustración la computadora.

La pantalla seguía completamente en blanco.

Llevaba meses intentando escribir una novela.

Nada.

Los editores llamaban todos los días.

Los lectores preguntaban cuándo saldría el siguiente libro.

Las redes sociales inventaban rumores.

Pero nadie sabía que el gran escritor simplemente había dejado de sentir.

Su representante le había dado un consejo antes de marcharse.

—Deja de buscar inspiración encerrado entre cuatro paredes. Sal a vivir.

Aquellas palabras no dejaron de darle vueltas.

Así que, por primera vez en mucho tiempo, salió a caminar sin rumbo.

Sin guardaespaldas.

Sin entrevistas.

Sin ser "el famoso Adrián Ferrer".

Solo quería ser un hombre cualquiera.

Después de casi una hora caminando llegó hasta un mercado.

El aroma de pan recién horneado, café y frutas frescas llenaba el ambiente.

Entonces la vio.

Una joven reía mientras intentaba convencer a un niño de que las manzanas también podían ser deliciosas.

—Si comes una todos los días, algún día serás tan fuerte como un superhéroe.

—¿En serio?

—Bueno... quizá no vueles, pero seguro tendrás más energía.

El niño sonrió y aceptó la fruta.

Adrián no pudo evitar sonreír también.

No recordaba la última vez que había visto a alguien hablar con tanta dulzura.

Se acercó al puesto.

—Buenos días.

Marla levantó la vista.

—¡Buenos días! Bienvenido. ¿Qué fruta busca?

—Una manzana.

Ella tomó varias y comenzó a revisarlas una por una.

Finalmente eligió una roja, brillante y perfecta.

—Esta.

Adrián arqueó una ceja.

—¿Por qué esa?

—Porque hoy parece que necesita una buena noticia.

Él soltó una pequeña risa.

—¿Las manzanas también dan buenas noticias?

—No. Pero cuando alguien empieza el día con algo bonito, las malas noticias pesan un poco menos.

Aquella respuesta lo dejó sin palabras.

Pagó la fruta.

Antes de irse, Marla añadió con una sonrisa:

—Espero verlo mañana. Las mejores conversaciones empiezan con una manzana.

Adrián se marchó con la fruta en la mano.

Por primera vez en mucho tiempo, sintió una chispa.

No sabía por qué.

No sabía quién era aquella chica.

Pero, mientras daba el primer mordisco a la manzana, una frase apareció en su mente.

La primera frase de una historia que llevaba más de un año esperando para ser escrita.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.