La chica de las Manzanas

Capítulo 9: La mujer del automóvil negro

A la mañana siguiente, el mercado estaba tan animado como siempre.

Marla saludaba a los clientes con su alegría habitual.

Adrián acababa de llegar cuando el sonido de unos tacones llamó la atención de todos.

Una mujer elegante, vestida con un traje color marfil y gafas de sol, caminó directamente hacia el puesto de frutas.

Se detuvo frente a Adrián.

—Así que era verdad.

Él suspiró.

—Clara...

Marla los miró con curiosidad.

—¿Se conocen?

La mujer sonrió con educación, aunque sus ojos reflejaban otra cosa.

—Mucho gusto. Soy Clara Beltrán, editora de Adrián desde hace casi diez años.

Extendió la mano hacia Marla.

Ella la estrechó con amabilidad.

—Marla Montero Lorenzo.

—He oído mucho sobre ti.

Marla frunció ligeramente el ceño.

—¿Sobre mí?

Clara miró a Adrián antes de responder.

—Desde hace semanas no habla de otra cosa.

Adrián pareció incómodo.

—Clara, no es el lugar...

Pero ella continuó.

—¿Sabes cuántas reuniones canceló por venir a este mercado? ¿Cuántos contratos ha dejado en pausa?

Marla volvió la mirada hacia Adrián.

Él no dijo nada.

Porque era cierto.

Clara suspiró.

—No vine a juzgarte, Marla. Solo quiero entender qué tiene este lugar para que el escritor más exitoso del país haya desaparecido del mundo.

Marla respondió con calma.

—Aquí solo vendemos frutas.

Y, a veces, regalamos una sonrisa.

Clara la observó durante unos segundos.

Por primera vez comprendió que aquella joven no estaba interesada en el dinero ni en la fama.

Había algo distinto en ella.

Algo que Adrián llevaba años buscando.

Antes de marcharse, Clara se acercó a Adrián.

—La editorial aceptó esperar un mes más.

Pero es la última oportunidad.

Si no entregas el manuscrito, cancelarán el contrato.

Adrián asintió.

—Lo sé.

Cuando Clara se fue, Marla rompió el silencio.

—No quiero que pierdas tu carrera por mi culpa.

Él la miró con una sonrisa serena.

—No la estoy perdiendo.

La estoy encontrando de nuevo.

Marla sintió cómo sus mejillas se sonrojaban.

Sin embargo, ninguno de los dos sabía que, desde el automóvil negro, Clara los observaba una última vez.

Y, por primera vez, sonrió.

Quizá la chica de las manzanas no era el problema.

Quizá era el mejor capítulo que la vida había escrito para Adrián Ferrer.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.