La chica de las Manzanas

Capítulo 10: La invitación

Los días siguieron transcurriendo con tranquilidad.

Cada mañana, Adrián llegaba al mercado.

Cada mañana, Marla le entregaba una manzana distinta.

—Hoy una verde.

—¿Y por qué verde?

—Porque hoy necesitas esperanza.

Él sonrió.

—¿Y mañana?

—Mañana ya veremos qué dice tu cara.

Ambos rieron.

Aquellas pequeñas conversaciones se habían convertido en el momento favorito del día para los dos.

Una tarde, mientras ayudaba a cerrar el puesto, Adrián habló con un tono más serio.

—Marla...

—¿Sí?

—Quiero invitarte a un lugar.

Ella dejó de acomodar las cajas.

—¿A dónde?

—A la presentación de mi nueva novela.

Marla abrió los ojos con sorpresa.

—¿La novela que todavía no has publicado?

Él asintió.

—La editorial organizó un encuentro privado con lectores y periodistas. Quieren anunciar que he vuelto a escribir.

Marla bajó la mirada.

—No sé si encajo en un lugar así.

—¿Por qué dices eso?

—Porque yo solo vendo frutas.

Adrián dio un paso hacia ella.

—No.

Tú eres la mujer que me devolvió la inspiración.

Y quiero que estés allí, no como invitada especial, sino como alguien importante para mí.

Las palabras hicieron que el corazón de Marla latiera con fuerza.

Aun así, respondió con sinceridad.

—Nunca he ido a un evento elegante.

—Eso no importa.

—¿Y si todos me miran?

—Entonces yo seré el primero en sonreírte para que recuerdes que no estás sola.

Marla sintió que una parte de sus inseguridades comenzaba a desvanecerse.

Después de unos segundos, sonrió.

—Está bien.

Acepto.

El rostro de Adrián se iluminó.

—Paso por ti el sábado a las seis.

—Pero no tengo un vestido elegante.

—Eso también tiene solución.

—¿Cuál?

—Confía en mí.

Marla soltó una pequeña risa.

—Empiezo a creer que siempre tienes un plan.

—No siempre.

Solo cuando se trata de hacerte sonreír.

Ella bajó la cabeza para esconder el rubor de sus mejillas.

Esa misma noche, Adrián llamó a Clara.

—Necesito un favor.

—Déjame adivinar... ¿Tiene nombre y vende manzanas?

Él rio.

—Sí.

—¿Qué necesitas?

—Quiero que Marla se sienta cómoda en la presentación.

Nada de lujos exagerados.

Nada que la haga sentir fuera de lugar.

Solo quiero que pueda ser ella misma.

Clara sonrió al otro lado del teléfono.

—Ahora entiendo por qué ese libro volvió a existir.

No fue por una idea.

Fue por amor.

Adrián no respondió.

Pero la sonrisa que apareció en su rostro fue suficiente para confirmar que Clara tenía razón.

El sábado estaba cada vez más cerca.

Y ninguno de los dos imaginaba que aquella presentación cambiaría sus vidas para siempre.




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