La chica de las Manzanas

Capítulo 11: Un vestido, una manzana y un corazón acelerado

El sábado llegó más rápido de lo que Marla esperaba.

Desde que despertó, los nervios no la dejaron en paz.

Abrió su armario una y otra vez.

—No tengo nada que ponerme... —susurró.

Había probado varios vestidos, pero ninguno le hacía sentir segura.

A las cuatro de la tarde sonó el timbre.

Era una mensajera con una caja cuidadosamente envuelta.

—¿Marla Montero Lorenzo?

—Sí, soy yo.

—Esto es para usted.

Dentro de la caja había un vestido color azul cielo, elegante pero sencillo. También había unos zapatos cómodos y una pequeña nota escrita a mano.

"No elegí este vestido para que todos te miren. Lo elegí para que, cuando te mires al espejo, recuerdes lo hermosa que eres siendo tú misma. — Adrián."

Marla llevó la nota a su pecho.

Nadie le había escrito algo tan bonito.

Una lágrima de emoción escapó de sus ojos.

A las seis en punto, un automóvil se detuvo frente a su casa.

Adrián bajó vestido con un traje azul oscuro.

Cuando Marla abrió la puerta, ambos se quedaron en silencio.

Él no podía dejar de mirarla.

Ella tampoco.

—¿Estoy... bien? —preguntó Marla con timidez.

Adrián sonrió con una sinceridad que le iluminó el rostro.

—No.

Marla abrió los ojos, confundida.

Él dio un paso más cerca.

—Estás preciosa.

Las mejillas de Marla se tiñeron de rojo.

—Gracias...

Antes de subir al automóvil, ella tomó una pequeña bolsa de papel.

—Es para ti.

Adrián la abrió.

Dentro había una manzana roja, brillante, con una cinta dorada alrededor.

Y una pequeña tarjeta.

"Para que nunca olvides dónde comenzó tu historia favorita."

Él levantó la vista, conmovido.

—La voy a guardar.

—No.

—¿Por qué?

—Porque las manzanas están hechas para compartirse.

Adrián sonrió.

Sacó una pequeña navaja de bolsillo para fruta que llevaba en el coche, la cortó con cuidado y le ofreció la mitad.

Marla aceptó.

Ambos dieron el primer mordisco al mismo tiempo.

Y, entre risas, sintieron que aquel gesto sencillo valía más que cualquier cena elegante.

Cuando llegaron al teatro donde sería la presentación, decenas de periodistas y fotógrafos esperaban la llegada de Adrián.

Las cámaras comenzaron a disparar flashes.

Marla dio un paso atrás, intimidada.

Sin decir una palabra, Adrián extendió su mano.

Ella la miró.

Él sonrió.

—¿Lista?

Marla respiró hondo.

Entonces entrelazó su mano con la de él.

Y, juntos, caminaron hacia la entrada.

Los fotógrafos no dejaban de tomar fotografías.

Algunos periodistas comenzaron a hacerse la misma pregunta:

—¿Quién es la misteriosa joven que camina al lado del escritor más famoso del país?

Y esa noche, por primera vez, el mundo entero iba a conocer a la chica de las manzanas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.