La chica de las Manzanas

Capítulo 12: La chica de las manzanas

Los flashes iluminaban la entrada del teatro.

Marla nunca había visto tantas cámaras apuntando hacia ella.

Instintivamente, soltó la mano de Adrián.

Él la miró de inmediato.

—¿Qué pasa?

—Tengo miedo.

—¿De qué?

—De no pertenecer a este lugar.

Adrián negó con una sonrisa tranquila.

—Marla, este lugar está lleno de personas que admiran mis libros. Pero la persona que hizo posible que volviera a escribir eres tú.

Volvió a extenderle la mano.

Esta vez, ella no dudó.

La tomó con firmeza.

Entraron juntos.

Dentro del teatro, cientos de invitados se pusieron de pie para recibir a Adrián con un fuerte aplauso.

Marla dio un pequeño paso hacia atrás.

No estaba acostumbrada a ese mundo.

Él lo notó.

Con delicadeza, acercó una silla a su lado.

—Quiero que te sientes aquí.

—¿En primera fila?

—Sí.

—Pero ese lugar debe ser para alguien importante.

Adrián la miró a los ojos.

—Lo es.

Y tú eres la persona más importante de esta noche.

Marla sintió que el corazón le latía con fuerza.

Minutos después, comenzó la presentación.

La moderadora habló sobre los premios de Adrián, las traducciones de sus novelas y los millones de ejemplares vendidos.

Cuando terminó, sonrió.

—Después de más de un año sin publicar, todos queremos saber la respuesta a una sola pregunta.

¿Qué devolvió la inspiración a Adrián Ferrer?

El teatro quedó en silencio.

Adrián tomó el micrófono.

Miró al público.

Luego buscó a Marla entre la primera fila.

Ella le sonrió con nerviosismo.

Él respiró hondo.

—Durante mucho tiempo creí que las mejores historias nacían de grandes aventuras.

Me equivoqué.

Las mejores historias nacen de las personas sencillas.

De quienes ayudan sin esperar nada a cambio.

De quienes hacen sentir importante a cualquiera que se cruza en su camino.

Hizo una pausa.

Todo el teatro escuchaba en absoluto silencio.

—Hace unos meses conocí a una joven que vende frutas en un mercado.

No sabía quién era.

Nunca me trató como una celebridad.

Solo me ofreció una manzana... y una conversación.

Las cámaras comenzaron a buscar a Marla.

Ella bajó la mirada, completamente sonrojada.

Adrián continuó.

—Gracias a ella recordé por qué empecé a escribir.

Porque las historias no sirven para presumir talento.

Sirven para tocar corazones.

Se acercó al borde del escenario.

Extendió una mano hacia Marla.

—¿Podrías subir conmigo?

Todo el público comenzó a aplaudir.

Con las piernas temblando, Marla subió al escenario.

Adrián la miró con una mezcla de admiración y cariño.

—Quiero que todos conozcan a Marla Montero Lorenzo...

La chica que me enseñó que una simple manzana puede cambiar una vida.

El teatro estalló en aplausos.

Marla tenía los ojos llenos de lágrimas.

Nunca imaginó que alguien pudiera hablar de ella con tanto orgullo.

Pero entre el público, una persona no aplaudía.

Un hombre sentado en la última fila observaba fijamente a Marla.

Sacó una tarjeta de presentación de su bolsillo y murmuró:

—Ella tiene un talento especial... y voy a asegurarme de que el mundo lo descubra.

Marla aún no lo sabía, pero aquella noche no solo cambiaría su historia de amor.

También sería el comienzo de una oportunidad que transformaría su vida para siempre.




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