Cuando terminó la presentación, el teatro seguía lleno de aplausos.
Marla aún no podía creer lo que había vivido.
Las personas se acercaban para felicitar a Adrián, pero muchas también querían conocer a la joven de la que había hablado con tanto cariño.
—Mucho gusto, Marla.
—Fue un discurso precioso.
—Ahora entendemos de dónde nació esta novela.
Ella respondía con una sonrisa tímida, agradeciendo cada palabra.
Todavía se sentía fuera de lugar, pero la mano de Adrián sobre la suya le daba tranquilidad.
Mientras firmaba libros, un hombre de unos cincuenta años se acercó a ellos.
Vestía un traje gris y llevaba una carpeta de cuero.
—Buenas noches, Adrián.
—¡Esteban! Qué sorpresa verte por aquí.
Los dos se estrecharon la mano.
Luego el hombre dirigió su atención hacia Marla.
—Así que tú eres Marla Montero Lorenzo.
Ella asintió.
—Sí, señor.
—Mi nombre es Esteban Salazar. Trabajo como editor literario.
Marla sonrió con cortesía.
—Mucho gusto.
Esteban sacó un pequeño cuaderno de su maletín.
—Adrián me habló de un cuaderno azul.
Marla miró a Adrián, sorprendida.
Él pareció un poco avergonzado.
—Solo le dije que escribes muy bien.
—No exageres... —susurró Marla.
Esteban sonrió.
—¿Me permitirías leer una de tus historias?
Marla abrazó el cuaderno contra su pecho.
Durante años había escrito solo para ella.
Mostrar sus textos a un desconocido le daba miedo.
Adrián no dijo nada.
No quería presionarla.
La decisión debía ser completamente suya.
Después de unos segundos, Marla abrió el cuaderno.
Buscó uno de los relatos más cortos y se lo entregó.
Esteban lo leyó con atención.
El silencio duró varios minutos.
Cuando terminó, cerró el cuaderno con cuidado.
—Tienes una voz muy especial.
Marla sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¿Lo dice de verdad?
—Sí.
No escribes para impresionar.
Escribes para emocionar.
Y eso es mucho más difícil.
Ella bajó la mirada, incapaz de contener una sonrisa.
Era la primera vez que alguien, además de Adrián, creía en su talento.
Esteban sacó una tarjeta de presentación.
—Cuando estés lista, llámame.
No importa si es dentro de un mes o dentro de un año.
Quiero ayudarte a publicar tu primer libro.
Marla tomó la tarjeta con manos temblorosas.
Cuando el editor se marchó, permaneció unos segundos en silencio.
Luego miró a Adrián.
—¿Y si no soy lo suficientemente buena?
Él sonrió con la misma calidez con la que la había mirado desde el primer día en el mercado.
—Entonces seré el primero en recordarte que la chica que cambió la vida de un escritor también puede cambiar la vida de miles de lectores.
Marla sintió un nudo en la garganta.
Por primera vez, el sueño de convertirse en escritora dejaba de parecer imposible.
Y, sin que ninguno de los dos lo notara, un fotógrafo capturó ese instante.
A la mañana siguiente, esa fotografía aparecería en la portada de todos los periódicos, cambiando para siempre la tranquila vida de la chica de las manzanas.