A las seis de la mañana, el mercado comenzó a despertar como de costumbre.
Marla colocaba las manzanas en filas perfectas cuando escuchó un grito.
—¡Marla!
Era doña Carmen, agitando un periódico con entusiasmo.
—¡Estás en la portada!
Marla dejó la caja que tenía en las manos.
—¿Qué?
La mujer abrió el periódico.
En la primera página aparecía una fotografía de la noche anterior: Adrián y Marla mirándose con una sonrisa llena de complicidad.
El titular decía:
"La misteriosa chica que devolvió la inspiración al escritor más famoso del país."
Marla sintió un vuelco en el estómago.
En pocos minutos comenzaron a llegar más personas.
Algunos querían comprar fruta.
Otros solo querían conocer a "la chica de las manzanas".
—¿Podemos tomarnos una foto contigo?
—¿Es cierto que inspiraste la nueva novela de Adrián Ferrer?
—¿Van a casarse?
Marla sonrió con educación, pero empezaba a sentirse abrumada.
Ella solo quería trabajar.
No estaba acostumbrada a tanta atención.
Media hora después, un automóvil se detuvo frente al mercado.
Adrián bajó apresuradamente.
Al ver la cantidad de personas alrededor del puesto, comprendió lo que estaba pasando.
Se acercó hasta Marla.
—¿Estás bien?
Ella intentó sonreír.
—Creo que sí... solo que todo esto es demasiado para mí.
Adrián miró a su alrededor y habló con calma.
—Por favor, denle un poco de espacio. Ella no eligió ser el centro de atención.
Las personas entendieron y comenzaron a dispersarse poco a poco.
Cuando el mercado volvió a la normalidad, Marla suspiró aliviada.
—Gracias.
—No tienes que agradecerme.
Yo fui quien habló de ti frente a todas esas personas.
Ella negó con la cabeza.
—No me arrepiento de que lo hicieras.
Solo tengo miedo de dejar de ser la misma de siempre.
Adrián tomó una manzana del puesto y la sostuvo entre las manos.
—¿Recuerdas lo que me dijiste el primer día?
Marla frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
—"Cuando alguien empieza el día con algo bonito, las malas noticias pesan un poco menos."
Le entregó la manzana.
—No dejes que la fama cambie a la chica que regalaba sonrisas antes de que alguien supiera su nombre.
Marla sonrió con los ojos llenos de emoción.
—Lo prometo.
Esa tarde, cuando cerró el puesto, encontró un sobre blanco entre las cajas de fruta.
No tenía remitente.
Solo decía:
"Para Marla Montero Lorenzo."
Lo abrió con curiosidad.
Dentro había una carta escrita a mano.
"No permitas que el miedo te haga esconder tu talento. Hay personas destinadas a contar historias y otras destinadas a vivirlas. Tú naciste para hacer ambas cosas."
No había firma.
Marla miró a su alrededor.
No había nadie.
Guardó la carta dentro de su cuaderno azul.
Sin saberlo, acababa de recibir el empujón que necesitaba para empezar a escribir el libro que siempre había llevado en el corazón.