Después de aquel beso, ninguno de los dos dijo una palabra.
No porque no tuvieran qué decir.
Sino porque, por primera vez, el silencio hablaba por ellos.
Marla apoyó la cabeza en el hombro de Adrián mientras observaban el cielo, donde las primeras estrellas comenzaban a aparecer.
—¿Sabes? —dijo ella en voz baja.
—¿Qué pasa?
—Siempre pensé que mi primer beso sería como en las películas.
Él sonrió.
—¿Y te decepcioné?
Marla negó entre risas.
—No.
Fue mucho mejor.
Porque no sentí mariposas...
Sentí paz.
Adrián la miró con ternura.
—Yo también.
A partir de ese día, su relación cambió.
No necesitaban grandes regalos.
Adrián seguía visitando el mercado todas las mañanas.
Seguía comprando una manzana.
Y Marla seguía escogiendo la mejor para él.
—Esta tiene un pequeño golpe —comentó él un día.
—Como nosotros.
Él la observó con curiosidad.
—¿Cómo?
—No es perfecta.
Pero sigue siendo buena.
Y merece una oportunidad.
Adrián sonrió.
—Creo que acabas de describir nuestra historia.
Los vecinos del mercado empezaron a notar que algo había cambiado.
Cuando Adrián llegaba, Marla sonreía antes de verlo.
Y él parecía olvidar el reloj cada vez que hablaban.
—Esos dos ya están enamorados —susurraba doña Carmen.
—Se les nota hasta cuando discuten por cuál manzana es la mejor —respondía otro vendedor entre risas.
Una tarde, mientras cerraban el puesto, comenzó a irse la electricidad en toda la zona.
Las luces del mercado se apagaron.
Solo la luz de la luna iluminaba el lugar.
—Parece que tendremos que cerrar antes —dijo Marla.
Adrián negó.
—Espera.
Sacó de su mochila un pequeño paquete.
—¿Qué es eso?
—Quería esperar una ocasión especial.
Pero creo que esta es perfecta.
Marla abrió el paquete.
Dentro había una pluma estilográfica de color azul oscuro.
Grabadas en ella había unas palabras:
"Para la escritora que aún no sabe cuánto cambiará el mundo."
Marla llevó una mano a su boca.
Las lágrimas aparecieron sin que pudiera detenerlas.
—Adrián...
—Cada gran historia merece una buena pluma.
Y cada gran escritora merece alguien que crea en ella.
Ella lo abrazó con fuerza.
Era la primera vez que lo hacía desde que se conocieron.
Adrián la rodeó con los brazos, sintiendo que aquel abrazo valía más que cualquier premio literario que hubiera recibido.
Cuando se separaron, Marla levantó la vista.
—Te amo.
Las palabras escaparon de sus labios sin pensarlas.
Adrián sonrió como nunca antes.
—Llevaba semanas esperando escucharlas.
Se inclinó y besó su frente.
—Yo también te amo, Marla.
Y bajo un cielo lleno de estrellas, con el aroma de las manzanas aún flotando en el aire, ambos comprendieron que la historia que había comenzado con una fruta y una conversación apenas estaba escribiendo sus páginas más felices. 🍎❤️