La chica de las Manzanas

Capítulo 18: La admiradora

El festival literario era mucho más grande de lo que Marla había imaginado.

El centro de convenciones estaba lleno de lectores, editoriales y escritores de distintos países.

Había mesas repletas de libros, charlas, firmas de autógrafos y personas que caminaban con una novela bajo el brazo.

Marla observaba todo con los ojos brillantes.

—Es... increíble.

Adrián sonrió al verla tan emocionada.

—La primera vez que vine sentí exactamente lo mismo.

Ella le tomó la mano.

—Gracias por traerme.

—No. Gracias por acompañarme.

Mientras recorrían los pasillos, varias personas reconocieron a Adrián.

—¡Señor Ferrer!

—¿Podría firmarme este libro?

Él atendía a todos con amabilidad.

Marla esperaba a un lado, sonriendo al ver cuánto cariño le tenían sus lectores.

De repente, una joven de cabello rubio se acercó corriendo.

—¡Adrián!

Sin pedir permiso, lo abrazó con fuerza.

—¡Qué alegría volver a verte!

Marla dio un pequeño paso atrás.

La joven era hermosa, elegante y parecía conocer muy bien a Adrián.

Él correspondió el saludo con educación y luego se separó.

—Lucía, cuánto tiempo.

—¿No vas a presentarme?

Adrián sonrió.

—Claro.

Lucía, ella es Marla Montero Lorenzo.

Mi novia.

Marla extendió la mano.

—Mucho gusto.

Lucía sonrió, pero por un instante su expresión pareció endurecerse.

—Encantada.

Aunque en sus ojos había una decepción imposible de ocultar.

Durante la cena del festival, Lucía buscó cualquier oportunidad para hablar con Adrián.

Recordaba anécdotas de años atrás, mencionaba viajes, conferencias y momentos que habían compartido cuando él comenzaba a hacerse famoso.

Marla escuchaba en silencio.

No sentía celos.

Solo pensaba que conocía una parte de Adrián que ella nunca había vivido.

Al terminar la cena, Adrián encontró a Marla contemplando el mar desde la terraza del hotel.

Se acercó despacio.

—¿En qué piensas?

—En que tu vida era muy distinta antes de conocerme.

Él apoyó los brazos sobre la barandilla.

—Sí.

—Y parece que muchas personas te quieren.

Adrián sonrió.

—Eso no me preocupa.

Marla lo miró.

—¿Por qué?

Porque la única persona cuya opinión puede alegrarme o romperme el corazón está ahora mismo mirando el mar.

Ella bajó la mirada, sonriendo.

—¿Sabes qué pensé cuando vi a Lucía abrazarte?

—¿Qué cosa?

—Que cualquier chica se enamoraría de ti.

Adrián soltó una pequeña risa.

—¿Y sabes qué pensé yo?

—¿Qué?

—Que tenía muchas ganas de terminar esa conversación para volver contigo.

Marla negó con la cabeza, divertida.

—Eres muy bueno diciendo cosas bonitas.

—No.

Solo soy muy malo escondiendo cuánto te amo.

Ella lo abrazó.

Las olas rompían suavemente contra la orilla mientras la brisa movía su cabello.

Sin embargo, desde una de las ventanas del hotel, Lucía observaba la escena con tristeza.

Comprendió que Adrián estaba realmente enamorado.

Pero también decidió que, antes de rendirse, intentaría descubrir qué tenía esa sencilla chica de las manzanas que había logrado conquistar el corazón de un hombre al que nadie había podido olvidar.




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