La chica de las Manzanas

Capítulo 19: La prueba del corazón

A la mañana siguiente, el festival organizó un desayuno para los escritores y sus acompañantes.

Marla se sentía un poco fuera de lugar entre tantas personas importantes.

Mientras Adrián atendía una entrevista, Lucía se acercó con una taza de café.

—¿Puedo sentarme contigo?

Marla sonrió con amabilidad.

—Claro.

Durante unos segundos, ninguna de las dos habló.

Finalmente, Lucía rompió el silencio.

—¿Sabes? Cuando Adrián y yo nos conocimos, él apenas empezaba a ser famoso.

Marla escuchó con atención.

—Siempre pensé que algún día seríamos pareja.

Pero la vida tomó otro camino.

Marla bajó la mirada.

—Lo siento.

Lucía soltó una pequeña risa.

—No tienes que sentirlo. Nunca fuimos novios. Solo... guardé sentimientos que él nunca compartió.

Marla levantó la vista.

Esperaba encontrar arrogancia o celos.

En cambio, encontró tristeza.

—Debe haber sido difícil.

—Lo fue.

Pero ayer entendí algo.

Marla esperó en silencio.

Lucía sonrió con sinceridad.

—Cuando él te mira, sonríe de una forma que nunca vi antes.

Y eso responde todas mis preguntas.

Los ojos de Marla se humedecieron.

—Gracias por decirme eso.

Lucía tomó un sorbo de café.

—Ahora quiero hacerte una pregunta.

—Adelante.

—¿Qué fue lo primero que te enamoró de Adrián?

Marla sonrió sin pensarlo demasiado.

—Que nunca intentó cambiarme.

Nunca me hizo sentir menos por vender frutas.

Nunca se avergonzó de caminar conmigo.

Siempre escuchó mis ideas como si fueran importantes.

Lucía asintió lentamente.

—Ahora entiendo.

No te enamoraste del escritor.

Te enamoraste del hombre.

Marla respondió con una sonrisa.

—Exactamente.

En ese momento, Adrián terminó la entrevista y caminó hacia ellas.

Se sorprendió al verlas conversando.

—¿Interrumpo algo?

Lucía se levantó.

—No.

Solo estaba conociendo mejor a la mujer que te robó el corazón.

Adrián tomó la mano de Marla de manera natural.

Lucía observó el gesto y sonrió.

Ya no había dolor en su mirada.

Solo aceptación.

—Cuídala mucho, Adrián.

Él respondió sin dudar.

—Lo haré todos los días.

Lucía se despidió con un abrazo para ambos antes de alejarse.

Marla la vio marcharse.

—Es una buena persona.

Adrián asintió.

—Sí.

Y me alegra que hoy haya encontrado la paz.

Esa noche, mientras el festival llegaba a su fin, Adrián recibió una llamada inesperada de su editor.

Su expresión cambió por completo.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Marla, preocupada.

Adrián guardó el teléfono lentamente.

—Hay una noticia que puede cambiar nuestras vidas...

Y no sé si estamos preparados para ella.




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