La chica de las Manzanas

Capítulo 20: La llamada

Marla tomó la mano de Adrián.

—¿Qué pasó?

Él respiró profundamente antes de responder.

—Mi editor acaba de llamarme.

—¿Ocurrió algo con el libro?

Adrián asintió.

—Sí... pero no es algo malo.

Marla esperó en silencio.

—La novela ha batido todos los récords de preventa de la editorial.

Ella abrió los ojos con sorpresa.

—¡Eso es maravilloso!

Él sonrió, aunque todavía parecía preocupado.

—Hay más.

Quieren convertir La chica de las manzanas en una película.

Marla se quedó completamente inmóvil.

—¿Una... película?

—Sí.

Un importante estudio compró los derechos esta mañana.

Ahora quieren que participe como asesor del guion.

Marla tardó unos segundos en reaccionar.

Después sonrió y lo abrazó.

—¡Estoy muy orgullosa de ti!

Adrián la abrazó de vuelta, pero su expresión seguía siendo seria.

Ella lo notó enseguida.

—¿Por qué no pareces feliz?

Él acarició su mejilla.

—Porque hay una condición.

Marla sintió un pequeño nudo en el estómago.

—¿Cuál?

—Quieren que tú también formes parte del proyecto.

Ella parpadeó varias veces.

—¿Yo?

—Dicen que nadie puede explicar mejor la esencia de la protagonista que la persona que la inspiró.

Marla negó con la cabeza.

—No puedo hacer eso.

—¿Por qué?

—Porque no soy escritora famosa.

No sé hablar frente a cámaras.

Nunca he estado en un rodaje.

Tengo miedo de hacer el ridículo.

Adrián tomó ambas manos entre las suyas.

—¿Recuerdas cuando me dijiste que las personas merecen sentirse importantes?

Ella asintió.

—Ahora quiero que tú también te sientas así.

Porque lo eres.

No por inspirar un libro.

Sino por ser la persona que eres.

Marla sintió que las lágrimas comenzaban a caer.

A veces seguía viendo a la joven insegura que vendía frutas en un pequeño mercado.

Pero Adrián siempre lograba recordarle que era mucho más que eso.

Después de unos minutos de silencio, ella sonrió.

—Aceptaré...

Pero con una condición.

Él levantó una ceja.

—¿Cuál?

—Que, pase lo que pase, nunca dejemos de volver al mercado.

Nunca quiero olvidar dónde empezó todo.

Adrián sonrió con los ojos brillantes.

—Te lo prometo.

Aunque llenemos teatros.

Aunque viajemos por el mundo.

Aunque nuestras vidas cambien.

Siempre volveremos al lugar donde compré mi primera manzana.

Marla apoyó la cabeza en su hombro.

Desde la terraza del hotel contemplaron el mar en silencio.

El festival había terminado.

Pero una nueva aventura acababa de comenzar.

Y, por primera vez, ambos sintieron que el próximo capítulo de sus vidas no solo sería escrito por Adrián.

Sería escrito por los dos. 🍎📖❤️




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