La chica de las Manzanas

Capítulo 21: Volver a casa

Dos días después, el avión aterrizó.

Cuando Marla salió del aeropuerto y respiró el aire de su ciudad, sonrió.

—Hogar.

Adrián la observó.

—Nunca había visto a alguien tan feliz por volver.

Ella rió.

—Porque aquí están mis recuerdos... y mi puesto de manzanas.

A la mañana siguiente, Marla llegó al mercado antes del amanecer.

Pensó que todo estaría igual.

Pero al doblar la esquina, se quedó inmóvil.

El puesto estaba cubierto de flores, pequeños lazos rojos y un cartel de madera que decía:

"Bienvenida a casa, nuestra chica de las manzanas."

Marla llevó ambas manos a su boca.

—¿Quién hizo esto?

Los vendedores comenzaron a salir de sus puestos.

Doña Carmen fue la primera en abrazarla.

—Todos nosotros.

—Pero... ¿por qué?

—Porque estamos orgullosos de ti.

No por salir en los periódicos.

No por viajar.

Sino porque, después de todo lo que ha pasado, sigues siendo la misma Marla de siempre.

Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.

Uno de los vendedores levantó una cesta llena de manzanas.

—¡Discurso!

Todos rieron.

Marla secó sus lágrimas y respiró hondo.

—No soy buena hablando delante de muchas personas...

—¡Sí lo eres! —gritó alguien entre el público.

Ella sonrió.

—Solo quiero darles las gracias.

Gracias por cuidar mi puesto mientras estuve fuera.

Gracias por hacerme sentir que tengo una familia aquí.

Y gracias por recordarme que nunca importa lo lejos que lleguemos...

Siempre debemos volver a nuestras raíces.

Los aplausos llenaron el mercado.

Adrián, que observaba la escena desde unos pasos atrás, sintió un nudo en la garganta.

Comprendió que ese mercado no solo había salvado su carrera.

También le había regalado el hogar que nunca supo que necesitaba.

Cuando el mercado volvió a la normalidad, Adrián se acercó con una caja pequeña.

—Tengo algo para ti.

Marla abrió la caja lentamente.

Dentro había un delicado dije de plata con forma de una pequeña manzana.

En la parte trasera tenía una inscripción:

"Nunca olvides quién eres."

Marla acarició el dije con la yema de los dedos.

—Es hermoso...

Adrián se colocó detrás de ella y le abrochó la cadena alrededor del cuello.

—Quiero que lo lleves siempre.

No como un regalo mío.

Sino como un recordatorio de que la chica que cambió mi vida nunca necesitó dejar de ser ella para cumplir sus sueños.

Marla se giró y lo abrazó con fuerza.

—Gracias.

—¿Por qué?

—Porque nunca intentaste convertirme en alguien diferente.

Él sonrió.

—Porque me enamoré exactamente de la mujer que eres.

En ese instante, un niño se acercó al puesto con unas monedas en la mano.

—Señorita Marla... ¿me alcanza para una manzana?

Ella tomó la más bonita de la cesta y se la entregó.

—Claro que sí.

Y esta lleva un poco más de cariño.

El niño se fue sonriendo.

Adrián observó la escena y pensó que, aunque el mundo conociera a Marla como la inspiración de un gran escritor, para él siempre sería la joven que, con una simple manzana y un corazón inmenso, le enseñó que las mejores historias nacen de los gestos más pequeños. 🍎❤️




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