Habían pasado seis meses.
Las mañanas seguían comenzando en el mercado, entre el aroma de las frutas frescas y las risas de los clientes.
Pero ahora, cuando el puesto quedaba tranquilo, Marla abría su cuaderno azul y escribía.
Una página.
Luego otra.
Y otra más.
Ya no escribía con miedo.
Escribía con ilusión.
Una tarde, Adrián llegó con dos cafés en la mano.
—¿Cómo va la escritora favorita de este mercado?
Marla levantó la vista y sonrió.
—Acabo de escribir el último capítulo.
Adrián abrió mucho los ojos.
—¿En serio?
Ella asintió.
—Lo terminé esta mañana.
Él sonrió como si la noticia fuera su propio triunfo.
—¿Puedo leerlo?
Marla hizo una pequeña pausa.
Meses atrás habría respondido que no.
Ahora, con una sonrisa tranquila, le entregó el manuscrito.
—Confío en ti.
Adrián tomó el montón de hojas con cuidado.
Leyó durante casi una hora, sentado en una pequeña silla junto al puesto.
No habló.
Solo pasaba las páginas lentamente.
Cuando llegó al final, cerró el manuscrito.
Tenía los ojos llenos de lágrimas.
Marla sintió un poco de miedo.
—¿No te gustó?
Él negó con la cabeza.
—Me encantó.
Es uno de los libros más sinceros que he leído.
No intenta parecer perfecto.
Solo dice la verdad.
Y eso es lo que hará que muchas personas se sientan identificadas.
Marla respiró aliviada.
—Entonces... ¿crees que debería enviárselo a Esteban?
Adrián sonrió.
—Creo que deberías dejar de preguntarte si eres suficiente.
Hace mucho que lo eres.
Esa misma noche, Marla envió el manuscrito al editor.
Cuando presionó el botón de "Enviar", sintió un cosquilleo en el estómago.
—Ya está.
No hay vuelta atrás.
Adrián tomó su mano.
—Estoy orgulloso de ti.
—¿Aunque no lo publiquen?
—El mayor logro no es publicarlo.
El mayor logro fue atreverte a escribirlo.
Marla apoyó la cabeza sobre su hombro.
Por primera vez, entendió que el éxito no siempre consistía en llegar lejos.
A veces, consistía simplemente en vencer el miedo.
Dos semanas después, mientras atendía el mercado, sonó su teléfono.
Era Esteban.
Con las manos temblando, contestó.
—¿Hola?
—Marla...
Leí tu libro.
Ella cerró los ojos.
No sabía si prepararse para una buena o una mala noticia.
Esteban guardó unos segundos de silencio antes de decir:
—Quiero publicarlo.
Pero no solo eso.
Quiero que sea el lanzamiento principal de nuestra editorial el próximo año.
Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Marla.
No pudo responder.
Solo sonrió.
Desde el otro lado del puesto, Adrián vio su expresión.
No hizo falta que dijera una palabra.
Corrió hasta ella y la abrazó.
—¿Lo publicarán?
Marla asintió entre lágrimas.
—Sí...
Él la levantó del suelo, girando con ella entre risas.
Los clientes comenzaron a aplaudir sin saber exactamente qué había ocurrido.
Y mientras las manzanas brillaban bajo la luz del sol, Marla comprendió que aquella joven que un día creyó que sus historias no valían la pena acababa de convertirse, oficialmente, en escritora. 🍎📚❤️