La chica de las Manzanas

Capítulo 26: La carta que esperó un año

La gira continuó durante varias semanas.

Cada ciudad les regalaba nuevos lectores, nuevas historias y nuevos recuerdos.

Pero, sin importar dónde estuvieran, Marla tenía una costumbre.

En cada lugar compraba una manzana.

La partía por la mitad.

Y la compartía con Adrián.

Era su manera de recordar que las cosas más importantes nunca habían sido el éxito ni la fama.

Al regresar a casa, encontraron una caja de madera sobre la mesa del apartamento.

No tenía remitente.

Solo una nota:

"Para abrir juntos."

Marla miró a Adrián.

—¿La abrimos?

Él asintió.

Dentro había decenas de cartas.

Todas eran de lectores.

Algunas estaban escritas con tinta.

Otras, a mano con lápices de colores.

Había una especialmente doblada con mucho cuidado.

Marla la abrió.

Queridos Marla y Adrián:

Hace un año perdí a mi esposa. Desde entonces dejé de leer, de salir y hasta de sonreír.

Mi hija insistió en que leyera La chica de las manzanas.

Después leí el libro de Marla.

No sé cómo explicarlo, pero ambos me recordaron que todavía vale la pena abrir el corazón.

Hoy volví a plantar un manzano en el jardín de mi casa.

Gracias por devolverme la esperanza.

Cuando terminó de leer, Marla ya estaba llorando.

Adrián también tenía los ojos húmedos.

—¿Te das cuenta? —susurró él.

Ella asintió.

—Nuestras palabras llegaron a alguien que las necesitaba.

Él tomó la carta con cuidado.

—Este es el premio más importante que he recibido en toda mi carrera.

Esa noche volvieron al mercado.

Ya estaba cerrado.

Las luces estaban apagadas.

Solo la luna iluminaba el pequeño puesto de manzanas.

Marla apoyó la mano sobre la madera del mostrador.

—Aquí empezó todo.

Adrián sonrió.

—No.

Aquí empezó nuestra historia.

Pero lo más bonito es que ahora también forman parte de ella miles de personas que encontraron esperanza en nuestros libros.

Marla lo abrazó.

—Prométeme algo.

—Lo que sea.

—Que, aunque escribamos cien novelas...

Nunca olvidaremos que la primera nació de una conversación sencilla.

Adrián besó su frente.

—Te lo prometo.

Se quedaron allí unos minutos más, en silencio.

No hacía falta decir nada.

Porque ambos sabían que algunas historias no terminan con un "felices para siempre".

Solo empiezan una nueva página.

Y la de ellos apenas comenzaba. 🍎📖❤️

Fin..




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