La chica de las Manzanas

Epílogo: Un año después

Un año había pasado desde que dos desconocidos se encontraron por casualidad frente a un puesto de manzanas.

Un año desde aquella primera pregunta.

—¿Me vende una manzana?

Ahora, el pequeño mercado tenía un rincón especial.

Un letrero de madera decía:

"La esquina de la chica de las manzanas."

Muchos visitantes llegaban para comprar una fruta, tomarse una fotografía y conocer el lugar donde había nacido la historia de dos escritores.

Pero Marla seguía atendiendo con la misma sonrisa.

Para ella, cada cliente seguía siendo igual de importante.

Aquella mañana, una joven de unos diecinueve años se acercó con un libro muy usado entre las manos.

Era el primer libro de Marla.

—¿Usted es Marla Montero Lorenzo?

Ella sonrió.

—Sí.

La muchacha respiró hondo.

—Solo quería darle las gracias.

Hace dos años dejé la universidad porque pensaba que no era suficiente.

Después leí su historia.

Volví a estudiar.

Y la próxima semana me gradúo.

Marla sintió que las lágrimas llenaban sus ojos.

Sin decir una palabra, abrazó a la joven.

—Estoy muy orgullosa de ti.

Cuando la muchacha se marchó, Adrián, que había escuchado toda la conversación, se acercó con una sonrisa.

—¿Sabes qué estaba pensando?

—¿Qué cosa?

—Que siempre creí que yo era quien escribía historias.

Pero tú...

Tú cambias vidas.

Marla negó con una sonrisa.

—Las cambiamos juntos.

Esa misma tarde, ambos caminaron hasta el banco del parque donde se habían dado su primer beso.

Adrián llevaba una pequeña caja en el bolsillo de su chaqueta.

Su corazón latía con fuerza.

Marla lo miró.

—¿Por qué estás tan nervioso?

Él soltó una risa.

—Porque, por primera vez en mi vida, no encuentro las palabras.

Ella sonrió.

—Eso sí que es raro en un escritor.

Los dos rieron.

Entonces Adrián se arrodilló frente a ella.

Sacó una pequeña caja de terciopelo.

Dentro había un anillo sencillo, con una diminuta manzana grabada en el interior.

Marla llevó ambas manos a su boca.

—Marla Montero Lorenzo...

Hace un año me devolviste la inspiración.

Después me enseñaste a creer en el amor.

Y cada día me haces querer ser una mejor persona.

No quiero escribir el resto de mi historia sin ti.

¿Quieres casarte conmigo?

Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Marla.

No esperó ni un segundo.

—¡Sí!

Sí, mil veces sí.

Adrián colocó el anillo en su dedo.

Se levantó y la abrazó con fuerza.

Las personas que paseaban por el parque comenzaron a aplaudir.

Algunos incluso reconocieron a la pareja y celebraron el momento con ellos.

Marla apoyó la frente contra la de Adrián.

—¿Sabes qué es lo más bonito de todo?

—¿Qué?

—Que nunca necesitaste conquistarme con grandes lujos.

Solo con una manzana.

Él sonrió.

—Y tú conquistaste mi vida con una simple conversación.

Se besaron mientras el sol comenzaba a ocultarse.

Y, en algún lugar, un niño compraba una manzana sin imaginar que los grandes amores no siempre empiezan con fuegos artificiales.

A veces...

Empiezan con un pequeño acto de bondad.

Fin. 🍎❤️📖




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