La Chica Del Portafolio

SOLO UNOS DIAS Y TE VOLVERÈ A VER

SOLO UNOS DIAS Y TE VOLVERÈ A VER

 

Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, reza un refrán muy certero, dicho sea de paso, y en esta ocasión veremos que se aplicará correctamente, a veces no decimos lo que sentimos porque creemos que la persona siempre estará ahí a nuestro alcance, a nuestra mano, habría que experimentar no verla para saber la falta que nos hace y la verdadera importancia que tiene en nuestra vida y que tanto podemos sentir por esa persona especial….

 

El rumor de una huelga de maestros a nivel nacional se escuchaba en todos los medios de comunicación.  Ellos exigían mejoras salariales y de no ser atendidos sus justos reclamos iniciarían la drástica medida que afectaría a todos los alumnos del país….

 

En medio de las noticias que se oían, Catalina y Flavio llegaron a la escuela como todos los días, la mañana estaba rara, las horas pasaban pero no había llegado ni un profesor, lo que causó un caos endemoniado en el colegio, parecía tierra de nadie….hasta que llegó un auxiliar quien indico a los alumnos que debían irse a su casa, pues todos los docente habían decidido acatar el paro…..

 

Todos los jovencitos muy alegres decidieron irse a casa muy felices.    La escuela se encontraba en una zona muy alejada del pueblo, (de ahí la razón del bus), más o menos media hora caminando.  En medio de todo el caos, Flavio busca a Catalina…

Vamos hasta San Pedro para tomar un carro y nos vamos a la casa o te quedas hasta la hora que llega el bus – le dijo el chico.

 

No, va a ser mucho tiempo, si mejor vamos – le contesto la niña

 

Y los chicos se fueron caminando junto a todos los estudiantes, entre bromas y risas llegaron hasta el pueblo… habían sido muy pocas las veces que Catalina hacia ese recorrido y siempre le encantaba llegar hasta la parte más alta de San Pedro y ver el mar, con las embarcaciones, era realmente un bonito paisaje y el olor a mar le encantaba.  Flavio notó eso…

 

Catalina que te parece que, si antes de irnos a casa damos un paseo por el pueblo, yo te voy a enseñar mis lugares favoritos, anda que dices vamos….

 

¿De Verdad? – le dijo muy sonriente la niña – yo nunca vengo aquí y me encanta todo esto, para mí es como una aventura…  a mí no me dejan salir mucho y sola menos…

 

¿Por qué? No entiendo porque no te dejan salir – le pregunto muy intrigado el niño.

 

A mis padres no les gusta que yo salga mucho, pero la verdad a mí tampoco, pero venir aquí me encanta y ese olor a mar me fascina, allá en San Carlos no se siente mucho porque estamos más lejos del mar…. Pero aquí sí y es riquísimo y más es este lugar donde puedes ver todo, es… es mágico – le decía una niña emocionada.

 

Cuando bajaron al pueblo, fueron primero al mercado y ahí compraron frutas y golosinas, para la pequeña Catalina era rara la sensación de estar en un mercado no por la gente y el ambiente, sino porque estaba con Flavio a quien miraba extasiada por el comportamiento del muchacho, quien sabía todo, donde comprar, que comprar, como comprar, tenía el control absoluto de la situación y eso la hacía pensar en lo diferente que eran, pues ella nunca había hecho una compra en el mercado sola, siempre iba con su mamá.

¿Lo hará para impresionarme o realmente es así? – se preguntaba ella

Asu… tu si que sabes todo eh – le dijo la niña...

 

Por favor es solo comprar mandarinas y plátanos, ¿acaso tu no compras?

Obvio que no, yo solo acompaño a mi mamá y ella compra todo, o sea si compro, pero no para un almuerzo…

 

¿Y qué vas hacer cuando te cases? – le pregunto el niño

 

Catalina lanzo una gran carcajada… por favor falta mucho para eso, algún día aprenderé, recién tengo quince años…. ¿Casarme? no, tengo muchas cosas por hacer.

 

Pero llegará el día…. Si te casa conmigo, me vas a tener que cocinar y hacer el mercado tu sola – le dijo el niño muy coqueto.

 

No digas tonterías Flavio…. Mejor llevamè hasta el mar, quiero ver los barcos de cerca por favor.

 

Ok – le dijo el niño sonriendo -¿Como me cambias el tema rápido monjita?

No seas antipático, ya te dije miles de veces que no me gusta ese apodo, ¿me molesto contigo? – le contesto la niña muy firme.

 

Ok no te enojes, solo es broma…. Ya está bien vamos a ver los botes.

 

Fueron al malecón, ahí Flavio hizo gala de sus conocimientos en la materia, le decía la diferencia que hay entre las diferentes embarcaciones, para que servían o las historias que habían detrás de ellas. Catalina estaba simplemente en las nubes, era la primera vez que oía todo eso.   Luego fueron a un lugar llamado Boquerón del Diablo, en donde las olas reventaban con tal fuerza que todos salían mojados y se divertían tanto cuando eso sucedía, sus uniformes estaban casi empapados, pero ellos felices, uno al lado del otro…escurriendo agua, nunca Catalina se había sentido tan libre..




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