"Y en el principio antes de la carne y el sueño, una estrella suspiro"
El cielo estaba gris, repleto de nubes de lluvia, serían apenas las 9 de la mañana cuando un grito rompió el silencio y despertó a la mujer sentada a un lado de la ventana, el sonido de las gotas de lluvia les trajo lentamente a sus sentidos. Sus ojos dorados y brillantes se movieron en dirección al cuarto que tenía la pequeña casa.
Con un suspiro agotado la mujer se levantó y con los pies descalzos avanzo hasta la entrada. Sobre la cama, en un colchón y mantas de algodón había una joven, apenas alcanzando la madurez, de su boca solo salían maldiciones y gritos ahogados en llanto.
Las mujeres a su alrededor envueltas en telas de color rojo le sostenían y le daban indicaciones, las dos a su derecha le limpiaban y se aseguraban de que él bebe viniera correctamente y las otras dos, se encargaban de decirle que hacer.
Miro a la muchacha con peso en el corazón y se acercó silenciosamente, le acaricio el rostro quitándole el cabello de la cara, fría y sudorosa, la joven le miro con el ceño fruncido para luego dar otro grito doloroso por el movimiento y notable nerviosismo en las mujeres, algo estaba yendo mal.
Le pidió ayuda a las mujeres para que la levantaran, se sentó detrás de ella, dejando que se afirmara en su pecho y le sostuvo las manos para abrazarla y que la chica se abrazase para darle apoyo.
— sé que puedes hacerlo, ya lo hiciste antes-le susurro a un lado de su rostro— aún no es tiempo de que te vayas, debes seguir— volvió a decir esta vez en su oído, solo para ella.
El viento que acompañaba la lluvia se volvió fino, como un silbido, la mujer levanto la mirada, reconociendo lo que él viendo intentaba decir, sostuvo con más fuerza a la chica susurrando palabras de aliento silenciosas que parecían más para sí misma. Con un grito más, la tortura había terminado, los llantos del bebe cubrieron el de la lluvia, la joven, cayó rendida, jadeando con una sonrisa débil en los labios ante la vista del niño, que ya había sido limpiado por las damas y llevado hacia ella.
Antes de que la joven hiciera algo le sujeto las muñecas para que no lo sostuviera, su visión ahora había cambiado, con la suavidad y amabilidad que aún le quedaba, tuvo el cuidado de dejar a la joven recostada cómodamente y se hizo con él bebe en sus brazos.
Le miro de cerca, tan feo como un ser humano podía ser al nacer, con los hermosos ojos azules como su padre y la piel tersa y clara de su madre. Era él bebe que ya había visto tantas veces.
Lo acomodo mejor entre las mantas y esta vez sí lo dejo en los brazos de su madre, que lloro mientras lo sostenía, frotando la carita del bebe con la suya, lamentándose quizás o derramando la última felicidad que le quedaba en su débil cuerpo.
Se quedó allí, algo dolía dentro, su estómago pesado le dieron ganas de vomitar, escondió sus manos detrás de la espalda cuando comenzaron a temblar, la lluvia se había hecho más ligera, pero la presencia de truenos había hecho volverse la mañana más oscura.
El lugar era tranquilo, tan adentro en el bosque que lo único que podría encontrarlos ahora era... no importaba ya, si lo hacía ya sería tarde. La ventana por la que había estado mirando se hizo añicos, algo la había golpeado, un retumbar, hizo temblar las paredes asustando a todos lo de la habitación. La luz brillante de afuera entro por debajo de la puerta, se hizo tan brillante que cegó todo incluyéndola a ella, se lanzó lo más rápido que pudo hacia la cama, pero ya era tarde, cuando su mano creyó alcanzar a la joven ya no había nada allí, solo el color blanco que le hizo apretar los ojos de dolor.
°°°
Cuando volvió a abrirlos se encontraba sola, comprendió que se había quedado dormida en sus recuerdos. Dio un suspiro desalentado, el entumecimiento en sus brazos le hizo mirar hacia abajo, allí donde sus manos estaban apresadas con cadenas había un bulto, uno envuelto en mantas grises con restos de sangre. Lo sostuvo contra su cuerpo, frotando su rostro contra la cabecita del bebe que se quejaba bajito como si supiera donde estaba, él bebe gorgojeo con la calidez y sus manitos se afianzaron en su rostro. La voz le tembló cuando intento tararear una canción, una que siempre escucha cuando todo se le viene encima y le produce quietud.
Se preguntó si el niño que solo tenía un tiempo sabía si los recuerdos de su sueño ya habían ocurrido o lo harían en un futuro cuando volviera a nacer. Se levantó, teniendo cuidado y se acercó hasta la esquina de lo que llamaba siempre para sí, su hogar, allí, sobre rocas lisas-que en su momento formaron parte de una de las murallas y que ahora funcionaba como una cama— estaba el cuerpo de una mujer, desde donde estaba solo podía verle desde atrás, el cabello tan rojo como el fuego y el cuerpo cubierto por lo que era tan solo el intento de una manta, la silueta pequeña y delgada no se movió.
Solo su cabello que parecía vibrar se mantenía. Se acomodó de rodillas y dejo caer su cabeza sobre lo que era el hombro de la mujer.
—lo logré esta vez-susurro, él bebe volvió a gorgorear-no lo haré de nuevo, así que más te vale que vuelvas aquí y te lo lleves.
Volvió a levantarse y esta vez se dirigió hacia lo que era la entrada, allí barrotes cubrían el espacio que le permitía ver hacia afuera. El pasillo afuera estaba oscuro y allí al igual que ella, los encerrados, se acercaban a la vista comenzando a gemir de angustia, miedo y dolor.
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Editado: 13.06.2026