(Narrado por Aaron)
El eco de la puerta cerrándose detrás de mí todavía resuena en mi cabeza. No fue un simple error, no fue una casualidad. Entré en ese baño sin pensar demasiado, y lo que encontré allí me dejó marcado.
Ella. Esa chica.
No sé su nombre, pero su mirada me atravesó como un cuchillo. No bajó la vista, no retrocedió, no tembló. Me gritó, me enfrentó, como si no supiera quién soy… o peor aún, como si no le importara.
Estoy acostumbrado a que todos se aparten, a que me teman. Es lo que mi padre me enseñó: respeto a través del miedo. Pero ella… ella no se dobló. Y eso me irrita. Me provoca. Me intriga.
Camino por los pasillos del colegio con la misma seguridad de siempre, pero mi mente no está en la misión. El traidor que debo encontrar se convierte en un ruido lejano. Lo único que veo es su rostro, sus ojos verdes llenos de desafío.
Me siento en la última fila del aula, fingiendo indiferencia. Los profesores hablan, los estudiantes ríen, pero yo solo pienso en ella. En cómo se cubrió con rapidez, en cómo me ordenó salir como si tuviera autoridad sobre mí.
Una sonrisa se dibuja en mis labios. Nadie me habla así. Nadie se atreve.
Quizás debería dejarlo pasar. Quizás debería concentrarme en lo que vine a hacer. Pero algo en mi interior me dice que esa chica será un obstáculo… o una tentación.
Y yo no suelo ignorar las tentaciones.
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