(Narrado por Aaron)
El colegio debería ser aburrido, un simple escenario para cumplir con la misión que me asignó mi padre: observar, analizar, encontrar al traidor. Nada más.
Pero desde el encuentro en el baño, todo cambió.
Camino por los pasillos como un depredador que vigila a su presa. Mis ojos buscan entre la multitud, y siempre terminan en ella. Esa chica. La que me enfrentó.
No sabía su nombre… hasta ahora.
En clase, mientras el profesor pasa lista, escucho con atención. Los nombres me resultan irrelevantes, pero entonces lo escucho claro:
—Dalia Hernández.
Ella levanta la mano con naturalidad, sin sospechar que acaba de darme la pieza que faltaba. Dalia. El nombre se queda grabado en mi mente como un tatuaje invisible.
Me digo a mí mismo que vigilarla es parte de mi misión. Que cualquiera podría ser el traidor, incluso ella. Pero en el fondo sé que es una mentira. No estoy detrás de un enemigo, estoy detrás de una chica que me desafió y que ahora no puedo sacar de mi cabeza.
En el aula, me acomodo en la última fila. Desde allí la observo sin que se dé cuenta… o al menos eso creo. Ella gira de vez en cuando, y cuando nuestros ojos se cruzan, siento un choque eléctrico. No baja la mirada, no se intimida. Esa valentía me irrita y me atrae al mismo tiempo.
Durante el almuerzo, me acerco “casualmente” a la mesa donde está con sus amigas. No digo nada, solo paso cerca, lo suficiente para que note mi presencia. Emma me mira con desconfianza, Nadia con descaro, pero Dalia… ella me ignora. O al menos finge hacerlo.
Una sonrisa se dibuja en mis labios. Esa indiferencia es un reto. Y yo nunca dejo un reto sin respuesta.
Por la tarde, mientras la lluvia cae sobre el patio, la veo correr con su hermana hacia la salida. La forma en que la protege, cómo la cubre con su chaqueta, me deja pensando. No es como las demás. Ella carga un mundo sobre sus hombros, y aun así se mantiene firme.
Quizás debería alejarme. Quizás debería concentrarme en lo que vine a hacer. Pero cada vez que la veo, siento que mi destino se está desviando.
Y aunque sé que acercarme a ella es peligroso, no puedo evitarlo. La curiosidad me consume. Una curiosidad peligrosa. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
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