La Chica Que Desafió A La Mafia

Capítulo 7: Sombras en mi calle

(Narrado por Dalia)

La lluvia nos acompañó hasta la puerta de casa. Diana se acurrucaba contra mí, buscando calor bajo mi chaqueta. Apenas entramos, el olor familiar de la cocina me dio un poco de paz. Papá aún no había llegado, y por un momento la casa se sintió demasiado silenciosa.

—¿Quieres merendar, pequeña? —le pregunté, acariciando su cabello húmedo.

—Sí, con cereales —respondió con esa sonrisa que siempre me derrite.

Me dirigí a la alacena, convencida de que encontraría la caja de siempre. Pero al abrirla, solo me recibió el vacío. Suspiré.
—No hay… —murmuré, tratando de que mi voz no sonara decepcionada.

Diana frunció el ceño, pero enseguida se encogió de hombros.
—Podemos ir a comprar, ¿verdad?

La miré y asentí. No podía negarle algo tan simple. Ella merecía al menos esos pequeños momentos de felicidad.

Nos abrigamos de nuevo y salimos a la calle. La lluvia había cesado, pero el aire seguía húmedo, cargado de esa electricidad que deja una tormenta. Caminamos juntas, yo con la mano firme sobre la suya, protegiéndola como siempre.

Al doblar la esquina, lo vi.

Aaron.

Lo reconocí porque en clase, apenas unas horas antes, el profesor había pasado lista y su nombre resonó en el aula: “Aaron Salvatierra”. No lo olvidé. Ese apellido me sonó fuerte, pesado, como si llevara consigo una historia oscura. Y ahora estaba allí, frente a mí, como si el destino se empeñara en cruzarnos una y otra vez.

Estaba apoyado contra un poste, como si nos hubiera estado esperando. Su chaqueta oscura, su postura relajada, pero sus ojos… esos ojos estaban fijos en mí.

Mi corazón dio un salto. No podía ser casualidad. No después de lo del baño, no después de sentir su mirada en clase.

—¿Quién es ese? —preguntó Diana con inocencia, mirando al chico que parecía una sombra en medio de la calle.

—Nadie —respondí rápido, apretando su mano.

Aaron se enderezó y comenzó a caminar hacia nosotras. No dijo nada, no sonrió, solo se acercó con esa calma que me resultaba más inquietante que cualquier amenaza.

—Aaron… —dije su nombre con firmeza, como si pronunciarlo me diera poder sobre él.

Él arqueó una ceja, sorprendido de que lo supiera.
—Así que ya sabes quién soy.

—Lo escuché en clase —respondí, sin apartar la mirada.

Por un instante, sus labios se curvaron en una media sonrisa. No era amable, era peligrosa.

—El barrio es pequeño —dijo, como si fuera una explicación suficiente.

No sé qué me molestó más: su descaro o la forma en que parecía disfrutar de mi incomodidad.

Diana me jaló suavemente la mano.
—Vamos, Dali. Quiero mis cereales.

Lo ignoré y seguí caminando, pero podía sentirlo detrás de nosotras, como una sombra que no piensa desaparecer. Cada paso suyo era un recordatorio de que mi mundo tranquilo estaba empezando a romperse.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

No olviden comentar y votar si les gusta la historia. Besos, bye.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.