La Chica Que Desafió A La Mafia

Capítulo 9: Confesiones Entre Amigas

(Narrado por Dalia)

El sonido del agua llenando la bañera me dio un respiro. Diana reía mientras jugaba con la espuma, feliz de tener un momento de diversión después de la caminata bajo la lluvia. Yo la observaba desde la puerta, asegurándome de que todo estuviera bien, antes de dejarla disfrutar sola.

—No tardes, ¿sí? —le dije con cariño.
—Prometido, Dali. Y después quiero mis cereales —respondió con esa voz dulce que siempre me derrite.

Sonreí, aunque por dentro seguía inquieta. El encuentro en la calle me había dejado un nudo en el estómago. No podía sacarme de la cabeza la forma en que Aaron apareció, como si nos hubiera estado esperando.

Me dirigí a la cocina, saqué el teléfono y marqué el número de Emma. Necesitaba hablar con alguien, descargar lo que sentía.

—¡Dalia! —contestó ella enseguida—. ¿Ya están en casa?
—Sí, Diana está bañándose. Pero… —hice una pausa, bajando la voz—. Lo vi otra vez.

—¿Otra vez? —su tono cambió, ahora más serio.
—Sí. Cuando salimos a comprar cereales, estaba allí, en la esquina. Nos miraba como si… como si supiera exactamente dónde íbamos a estar.

Emma guardó silencio unos segundos antes de responder.
—Eso no suena nada bien. ¿Estás segura de que no fue casualidad?

—No lo fue —interrumpió Nadia, que se había unido a la llamada grupal en altavoz—. Ese tipo tiene pinta de buscarte. ¿Cómo dijiste que se llama?

—Aaron —respondí, sintiendo un escalofrío al pronunciarlo.
—¿Y cómo sabes su nombre? —preguntó Nadia, curiosa.
—Lo escuché en clase, cuando pasaron lista. “Aaron Salvatierra”. No lo olvidé.

Emma suspiró.
—Ese apellido… me suena. No sé de dónde, pero no me gusta.

Me mordí el labio, nerviosa.
—No sé qué quiere de mí. No me habló mucho, solo dijo que el barrio era pequeño. Pero su mirada… era como si me estuviera estudiando.

Nadia soltó una risa nerviosa.
—Pues yo digo que tengas cuidado. Ese chico no parece normal.

—No lo es —murmuré, más para mí que para ellas.

El sonido del agua cesó en el baño. Diana salió envuelta en un pijama de ositos con la sonrisa más inocente del mundo.
—¿Ya puedo comer? —preguntó alegremente.

La miré y asentí, guardando el teléfono. No quería que escuchara nada de lo que hablábamos. Ella merecía su paz, su infancia intacta.

Mientras preparaba la mesa, con la caja de cereales recién comprada, no pude evitar mirar hacia la ventana. Afuera, la calle estaba tranquila, pero en mi mente seguía la imagen de Aaron, apoyado contra el poste, observándome como si yo fuera parte de algo que aún no entendía.

Y aunque intenté convencerme de que todo estaba bajo control, una voz dentro de mí susurraba que mi mundo estaba empezando a cambiar… y que él era la razón.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

No olviden comentar y votar si les gusta la historia. Besos, bye.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.