La Chica Que Desafió A La Mafia

Capítulo 11: El Peso De La Sombra

(Narrado por Dalia)

La noche fue inquieta. Soñé con él. Con esos ojos oscuros que me miraban como si pudieran atravesar mi alma. Me desperté varias veces, sudando, con la sensación de que seguía allí, observándome desde algún rincón de mi habitación. Pero al abrir los ojos, solo estaba la penumbra y el silencio.

Sacudí la cabeza, intentando convencerme de que eran solo sueños. No podía permitir que un extraño me robara la paz. Diana me necesitaba, y yo debía mantenerme fuerte.

La mañana transcurrió como siempre: preparar el desayuno, ayudar a Diana a vestirse para el jardín de niños, y acompañarla hasta la entrada. La dejé con un beso en la frente, asegurándome de que estuviera feliz y tranquila. Ella corrió hacia sus compañeritos con esa alegría que siempre me contagia.

El camino hacia el colegio fue distinto. No sé cómo explicarlo, pero al cruzar la puerta principal sentí un peso en el aire. Como si alguien me observara. No era miedo, era un presentimiento.

Emma me alcanzó en el pasillo.
—¿Dormiste bien? —preguntó, con esa sonrisa que siempre intenta suavizar mis días.
—No mucho —admití—. Soñé con él.

—¿Con Aaron? —su voz bajó de inmediato.
Asentí, apretando los libros contra mi pecho.
—No sé por qué, pero siento que está cerca.

Nadia apareció detrás, con su energía habitual.
—¿Otra vez con ese chico? Dalia, tienes que relajarte. Seguro fue casualidad lo del baño y lo de la calle.

Negué con la cabeza.
—No lo fue. Lo sé.

Entramos al aula, y aunque los estudiantes hablaban y reían, yo no podía concentrarme. Cada vez que levantaba la vista, tenía la sensación de que alguien me observaba desde algún rincón. No lo veía, pero lo sentía.

El profesor comenzó la clase, y yo intenté distraerme con los apuntes. Pero la incomodidad seguía ahí, como una sombra invisible.

Emma me pasó una nota escrita en su cuaderno: “Si lo ves otra vez, no lo enfrentes sola.”
La guardé rápido, como si esconderla pudiera borrar la verdad.

Ese día, por primera vez, comprendí que mi mundo tranquilo estaba empezando a resquebrajarse. Y aunque no lo veía, sabía que él estaba allí.

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