La Ciudad Que Calla

PREFACIO

Hay nombres que no se dicen porque decirlos sería admitir la herida.
Hay nombres que no se dicen porque el mundo aprendió a vivir sin ellos.

Este libro nace de ese silencio.

No del silencio íntimo, sino del otro: el que se archiva, el que se firma, el que se repite hasta volverse costumbre. El silencio que aprende a caminar con uniforme, a hablar con lenguaje administrativo, a dormir tranquilo mientras alguien espera.

Aquí no hay tumbas suficientes.
Aquí las velas se encienden sin cuerpo.
Aquí las madres envejecen de pie.

Las desapariciones no llegan como una tormenta, sino como una sombra paciente. Primero una demora. Luego una llamada que no entra. Después, el nombre pronunciado una vez más alto… y luego ya no. El mundo sigue, pero algo queda suspendido, como una respiración interrumpida.

Este no es un libro sobre la muerte.
Es un libro sobre la imposibilidad de cerrar los ojos.

Las voces que habitan estas páginas no piden permiso. Se filtran por las grietas de la historia oficial, murmuran desde los márgenes, se repiten para no desvanecerse. Son mujeres que aprendieron a velar sin rito, a amar sin presencia, a recordar como quien sostiene una antorcha en un pasillo inundado.

Cada historia es una ausencia distinta.
Cada ausencia, parte de un mismo diseño.

Aquí, la memoria no es nostalgia: es resistencia. Nombrar es un acto peligroso. Recordar es desobedecer. Decir lo que no se dice es desafiar a un sistema que se alimenta del olvido.

Si has abierto este libro, no busques consuelo.
Busca huellas.
Busca patrones.
Busca los nombres que alguien quiso borrar.

Porque mientras uno solo sea pronunciado,
la noche no habrá ganado del todo.




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