Sonrío cuando Lluc pasa un brazo por sobre mis hombros.
──¡Te juro que sí! ──cuenta Sofie──. Es muy chistoso porque…
Escucho con atención su anécdota, no puedo dejar de sonreír por sus ocurrencias. Lo cierto es que Sofie está algo loca. No dejan de sorprenderme las locuras de las que es capaz de hacer solo para verse con un chico.
──¿Y tú, Rose? ──pregunta Lluc──. ¿No tienes un galán?
De solo pensar en Cristian, se me calienta el rostro.
Sofie debe saberlo, porque me mira con picardía.
──Ella tiene un galán, pero dice que solo son amigos. No le puedo creer eso ──dice ella.
Ah.
Sofie pensaba en Mario.
Diablos, qué vergüenza.
Estoy peor de lo que pensaba. Mientras yo pienso en Cristian, Sofie hablaba de Mario.
Por otra parte, ¡qué horror! Yo no veo a Mario de esa manera.
Hace solo una semana que Mario me besó sin rodeos. Se lo conté a Sofie con bastante vergüenza, fue un desastre porque en ese gesto no sentí nada de lo que esperaba. Creí que me emocionaría o algo, pero en su lugar me dio risa ver cómo parecía querer comerme el rostro.
Adiós primer beso romántico, hola clases de cómo besar.
Qué vergüenza me da recordar eso.
Caminamos por el centro comercial mientras hablamos de diferentes cosas, somos cinco en total, siempre estamos juntos en la universidad. Y cuando estamos hablando sobre el comienzo del segundo semestre, lo escucho.
──¡Rosie!
Mario viene corriendo hacia donde estoy yo, parece un niño pequeño y eso me hace sentir avergonzada. Se puede malinterpretar la expresión que tiene en el rostro.
Cuando llega a mí me toma de la cintura y me abraza con fuerza.
──¿En serio son solo amigos? ──escucho a César preguntar, sonando hasta algo disgustado.
Eso me hace reaccionar y pellizco a Mario en las costillas.
──¡Hey! ──se queja.
──Suéltame, cabeza hueca. ──ríe al escuchar mi insulto más potente──. ¡Estás haciendo que piensen mal!
──¿Y a mí qué me importa? ──pregunta de forma descarada──. Tenemos una cita.
──¡Que no es una cita! ──grito, avergonzada──. Iremos a comprar el gato para tu mamá.
──¿Y eso no es una cita?
──¡No!
Vuelve a reír y me suelta.
Mario se dirige a mis amigos y los saluda con una educación literalmente sacada de la nariz, porque cuando vuelve a verme retoma su actitud descarada.
──Vamos a mi auto, te daré más clases ──ronronea.
──¡Idiota! ──gruño mientras lo sacudo por su camisa.
Aun así, me voy con él. Me despido de mis amigos con una mano, mientras que Mario toma la otra para tirar de mí en dirección al auto.
Suspiro.
──¿Cómo has estado? ──pregunto más calmada.
──Bien. ──Asiente para sí mismo──. Tuve que volver a tomar distancia, no los he vuelto a ver desde que salimos ese día.
──Son tus amigos, Mario. Tal vez…
──Créeme que, es mejor cuando estoy lejos. ──Me mira con tristeza──. Cuando la veo pierdo la cordura y no quiero hacer una locura.
Tomo su mano con fuerza.
──Espero que si tomas esta distancia sea porque te haga bien, no me gusta la idea de que estés solo.
──He estado solo muchos años. ──admite y yo hago una mueca──. A pesar de lo mujeriego que puedo llegar a ser, de un tiempo para acá, si no estaba haciendo horas extra en el trabajo, estaba en mi apartamento sin hacer gran cosa.
──Lamento eso.
──No lo lamentes tanto ──responde──. Planeo llevarte a mi apartamento más seguido, disfruté estar en mi cama contigo.
Señor, paciencia.
Lo hace a propósito, sabe que me avergüenza que lo diga así de esa manera tan poco correcta. Pero… puedo ver más allá de la broma, sé que se refiere a que le gustó tener a alguien con quien hablar en un ambiente tan personal e íntimo para él.
──Claro, encantada.
Me mira, agradecido. Sonrío al notar cómo acerté lo que en verdad pensaba.
──Por supuesto que tú encantada, pervertida.
Vuelvo a pellizcarlo.
Fuimos al refugio que le había comentado el otro día y adoptamos a una gata, una preciosa. Es de esas hermosuras que tienen tres colores, toda una preciosidad. A pesar de que ya es algo adulta, es muy cariñosa, prueba de lo bien que la han tratado en este lugar.
──Soy una hermosura. Sí, señor. ──le hablo mientras Mario conduce a casa de su mamá.
──¿Por qué a mí no me hablas así? ──lo escucho preguntar con indignación──. Conmigo te has gastado todo el diccionario de insultos.
──Porque eres un idiota.
──Oye, soy muy inteligente. ──rio al verlo hacer un puchero──. Pero me refiero a que me llama la atención… que me has dicho de todo menos mujeriego.
#1275 en Novela contemporánea
#4885 en Novela romántica
#1450 en Chick lit
juvenil, amortoxico, amistad amor traicin drama romance humor
Editado: 05.03.2026