La Clave de Rose (colección: Cde #3)

Capítulo I

──¡Hola! ──saludo con una enorme sonrisa──. ¡Soy Rose!

A pesar de mi energía, la administradora de la universidad me mira sin ninguna pizca de emoción. Parece necesitar conocer la emoción de la felicidad, ya que parece haberla perdido por completo.

A veces me esfuerzo demasiado en ser amable con quien no lo merece.

Porque ella suspira con cierto fastidio y toma mis papeles.

──Te faltó una copia de esto ──dice de mala gana──. Debes traer copia, no la original. Estoy cansada de repetirlo.

──Es una copia a color ──respondo.

La mujer de las sonrisitas levanta la hoja y la pone a contra luz, verificando que efectivamente: es una copia.

Aprieto los labios al ver cómo se sonroja.

──Bueno ──murmura como si nada──. Firma aquí. En la biblioteca te ofrecerán los libros que necesites si tienen disponibles, ¿trajiste los del semestre pasado?

──Claro. ──aseguro mientras firmo ambas hojas, regresándoselas cuando termino de hacerlo──. Muchas gracias, eres todo un encanto.

Sonrío y me voy de allí. Apenas estoy a unos cuantos pasos, mi sonrisa muere. Es muy difícil mantener la sonrisa con gente tan amargada, estoy acostumbrada a la felicidad.

Devuelvo los libros en perfectas condiciones mientras que ellos buscan los que me corresponden por este semestre, estoy ansiosa por estudiar. No sé por qué, pero es algo que me encanta.

No soy la mejor, pero me gusta dar lo mejor de mí.

──¡Rose!

Volteo hacia Sofie.

Aprovechando que aún no me entregan los libros, comienzo a correr para abrazar a mi mejor amiga.

──¡Sofie! ──La abrazo con fuerza──. Dos semanas sin verte, eh. ¿Qué hacías? Estabas desaparecida.

Ella ríe.

──Lo lamento, es que empecé a salir con alguien.

Volvemos a caminar para acercarnos a donde están entregando los libros.

──¿Saliendo? ──pregunto, evitando preguntar: «¿De nuevo?»──. ¿Con quién?

──Bueeno, no lo conoces. ──Aun así, comienza a hablarme de él.

Le presto toda mi atención, ella se ve completamente emocionada por ese hombre. Me dice mil cosas de él y las mil maneras en que él la besó y de cómo la trató en la cama por todo el pasado fin de semana. Algo que en parte me deja perpleja.

Sin poder resistirme, le envío un mensaje a Mario contando esa anécdota.

A pesar de que está dentro de su horario de trabajo, no tarda mucho en responder a mi mensaje.

Mario: Hazme caso, Rosie. Es una puta.

Yo: Deja ya de llamarla así.

Mario: Eres tú la que me cuenta esas cosas, ni yo en mis tiempos de locura era tan promiscuo como esa mujer.

Suelto una risita.

──¿Con quién hablas? ──pregunta Sofie, apago mi celular para que no vea el mensaje──. ¡Oye! ¿Qué me ocultas?

──Nada, solo era Mario con una tontería.

──Ah. ──Ella asiente──. ¿Estás segura de que él tiene novia? Siempre estás hablando con él.

──Porque es…

──Sí, tu mejor amigo ──me interrumpe con fastidio──. Es un poco aburrido, no le sacas provecho a que es un bombón.

Me estremezco con desagrado.

No porque Mario sea desagradable a la vista, si soy honesta, debo admitir que mi mejor amigo es todo un galán. Además de no ser para nada compatibles y que tenga novia, la idea me da repelús.

──Bueno, algún día conoceré a alguien que sea más… de mi tipo.

Entonces ella se encoge de hombros.

──Bueno, tengo mis libros. Nos vemos en una semana cuando inicien las clases.

Qué interés tiene en mí.

──¿No quieres salir un día…?

──No ──me interrumpe──. Saldré con Nathan, deséame suerte.

──No la necesitas ──musito con una pequeña sonrisa.

Se va sin decir más.

Siempre que ella tiene novio, se distancia, es algo normal en ella. Yo pensaba que eso me pasaría con Mario cuando hizo oficial su relación con May, pero no. Sigue siendo exactamente igual que al principio.

En parte me avergüenza, tanta confianza se puede malinterpretar.

Suspiro, tomando mis libros para irme. Y solo con tomarlos, la felicidad vuelve a mí con fuerza.

Abrazando los libros, camino con una sonrisa tonta. Mario va a burlarse seguramente, pero no me importa. Me siento dichosa.

Ya estoy en el cuarto semestre, año y medio más y podré obtener la licenciatura. Me he tardado más de lo normal al querer pagarme yo misma todo. Además de que trabajo todas las tardes, siempre que puedo estoy en la tienda ayudando a mi tío. Debo practicar para cuando me toque ser cien por ciento independiente.

Apenas llego a la tienda, corro hacia la oficina.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.