La Clave de Rose (colección: Cde #3)

Capítulo II

Volteo y sí, es el rubio tonto. El mismo que no pierde la oportunidad de pelear contra Mario o Cristian.

Tomo una profunda respiración al tener que mantener la mirada con sus ojos azules, porque estos me observan con completa diversión y picardía. Dándome una mala espina con rapidez.

No necesito recordar su nombre para saber que no me gusta. Pero estoy trabajando, así que, tengo que mantener la calma.

──¿En qué puedo ayudarlo?

──Mmm, ya que lo dices, busco a una castaña. ──Me abstengo de rodar los ojos──. Dicen que es todo un encanto, una amiga cercana de dos ex compañeros de clases.

──No me suena ──respondo con tono amable──. Puede intentar en otro local.

Volteo para seguir con mi trabajo.

──Tú te pareces mucho a ella. ──sigue hablándome, esta vez no puedo contenerme y ruedo los ojos──. Y debo confesar que… me dejó impresionado cómo me sacó de su tienda la última vez que la vi. Tiene mucho coraje, y es preciosa.

Apoya su mano a uno de mis costados, justo en el estante. Aquello me hace reaccionar y vuelvo a verle.

──No me haga seguir el ejemplo de esa chica. Que mi amabilidad no lo confunda, señor, puedo sacarlo de esta tienda todas las veces que sea necesario.

Se muerde el labio un momento, para finalmente reír. La expresión divertida que tenía en un inicio no deja de crecer, ¿qué diablos le divierte tanto?

──No es necesario ser tan formal, bonita. ──Se acerca, pero instintivamente doy un paso atrás──. ¿Miedo?

──Para nada, solo no te quiero cerca.

──¿Por qué? Solo quiero conocerte. ──Entrecierro mis ojos con desconfianza──. ¿Cómo te llamas?

──Mi nombre no es relevante.

Me niego a darle mi nombre. Solo que, sin quererlo, Cristian se lo da.

──¿Rose?

Me muerdo el labio.

──Ah, ¿tu nombre es Rose? ──pregunta el rubio tonto──. Es un nombre hermoso.

Apenas intenta acercarse otro paso, Cristian vuelve a hablar.

──Rafael, no. ──Aaah, ese es su nombre──. Ni lo pienses, solo vete de aquí. Ya hicimos un número una vez; no hagamos el segundo.

──Solo quiero…

──No interesa lo que quieras. ──le interrumpe Cristian. Se acerca a nosotros, plantándose frente a mí como una especie de muro protector──. Solo vete, por favor.

Rafael asiente con cierta molestia hacia él. Éste al ver que lo veo con detalle, me sonríe con algo de picardía y yo le entorno los ojos en respuesta.

Odioso.

Se va sin decir otra cosa, dejando a Cristian algo molesto. Algo raro de ver.

──Calma, Cristian. He notado que le encanta provocar, no vale la pena molestarse, ¿no crees?

Me mira y suspira, relajándose.

──¿Todo bien, Rose? ──Asiento, volteando para seguir con mi tarea──. ¿Estás segura? Porque puedo…

──Calma, estoy bien. ──aseguro y le sonrío──. Además, ya sabes. Hubiese llamado a Mario.

Cristian sonríe.

──Una llamada de distancia, ¿no?

Hago una mueca llena de vergüenza, y lo ignoro para seguir en lo mío. Cristian ríe mientras se va.

Esa frase se había vuelto en un mantra para Mario. Siempre que salgo yo sola o tengo que quedarme hasta tarde, me la repite.

Hasta me pidió que me tatuara la frase. Ese idiota.

Estoy tan inmersa en lo que hago, que me doy cuenta que se hace la hora del cierre cuando escucho a mi tío cerrar la puerta con llave. Comienzo a acecharlo en espera y él al sentir mi mirada, me observa.

Cede ante mi súplica y asiente.

Chillo sin poder evitarlo.

Él me deja realizar el cierre de la caja, contar todo y asegurarme de que todo esté cuadrando. Me encanta poder hacer esto. Aunque solo me gusta cuando todo está bien y en orden, cuando falta dinero es una pesadilla.

Al salir, alzo las cejas al ver que Cristian sigue con nosotros. Porque normalmente no se queda hasta tan tarde.

──Yo la llevo ──le dice Cristian a mi tío.

Me pongo nerviosa, pero no digo nada mientras me despido de mi tío.

Entonces vuelvo a ver al pelirrojo.

──¿Sucede algo? ──pregunto, inquieta.

──Ballerina quiere que conozcas a los niños.

Ah…

──No. ──digo y doy la vuelta para huir.

Intento ser rápida, llegar al área de taxis para poder tomar uno, así eso implique quedarme sin el dinero que es para el transporte de la semana, pero Cristian es más rápido. Toma mis hombros y comienza a redireccionarme.

Entro en pánico.

──No, por favor ──suplico llena de vergüenza──. No quiero incomodar a tu esposa…

──Llámala por su nombre ──pide con suavidad.

Ni loca.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.