Vuelvo a la sala después de perderme por la casa, donde están los dos niños viendo la televisión.
Entonces el niño mayor me observa.
──¿Eres una princesa? ──pregunta con completa curiosidad.
Siento mucha vergüenza.
──No, no lo soy. ──respondo mientras abrazo mi ropa──. ¿Dónde está el baño?
Él señala una puerta y me dirijo hacia allí.
Me cambio lo más rápido que puedo y una vez vuelvo a salir, me siento mucho mejor. Dejo el vestido sobre el sofá mientras vuelvo a acercarme a los niños. Veo a Lucas levantarse y correr en círculos, lo cual me hace reír. Parece estar drenando energías acumuladas, porque lo siguiente que hizo fue saltar por todos lados.
Pasan los minutos y la pareja no sale de la habitación, cosa que pone a los niños de lo más nerviosos. Y claro, yo no soy alguien que les dé confianza… todavía, por lo que hago lo primero que se me ocurre.
Cantarles.
Lo hago suave y lo más delicado que puedo, ellos se quedan quietos y en silencio, observándome con claro interés.
──Sí eres una princesa, las princesas cantan así ──insiste el mayor.
Ay, qué vergüenza.
Decido no decirle nada y seguir cantando.
No soy la mejor cantante, lo hago de forma distraída. Hasta la fecha el único que me ha escuchado aparte de mis padres, es Mario. Ese desgraciado insiste en decirme que tengo una voz espectacular, no puedo creerle tal cosa.
Sigo así unos minutos más, hasta que tocan la puerta. Y no queriendo que los niños la abran, voy yo.
──¡Mario! ──exclamo y lo abrazo. Jamás lo había extrañado tanto como en este momento.
Solo que no se lo diré, el muy engreído ya tiene el ego por las nubes. No necesita que se la infle más.
Él me levanta y da una vuelta conmigo mientras me abraza con fuerza.
──¡Sí viniste! ──dice, emocionado.
Cuando me baja, me separo para verle.
──Sí, lo hice ──acepto.
──Sabía que funcionaría mi malvado plan. ──admite mientras me hace cosquillas.
¿Cómo que su malvado plan?
Le pego sin pensarlo.
──¿Fue tu idea todo esto? ──pregunto de lo más indignada.
──¿Por qué todo el mundo me pega? ──se queja, pero menea la cabeza──. Sí, fue mi idea. Sabía que no podías negarte a López.
Me ofendo.
──No lo digas de esa manera, por favor.
Él ríe.
──Lo lamento, pero te quiero en mi boda. ──dice, Mario me rodea la cintura con una confianza que ya ni se cuestiona. Le doy una mala mirada, pero no me hace caso──. Quiero asegurarme que no te esconderás.
──No puedo esconderme, ¿sabes? ──inquiero──. Le prometí a May que estaría.
Sonríe al escuchar el nombre de su prometida.
Él siempre dice que no es empalagoso, pero apenas mira a May, piensa en ella o la nombran, sonríe como un tonto enamorado. Se convirtió en lo que juró que nunca sería, y yo estoy para recordárselo para avergonzarlo cada vez que puedo.
──Sip, estás jodida.
──No mucho más que tú, tienes que ver tu cara. ──Se sonroja.
──No digas tonterías, Rosie ──gruñe.
Sus manos toman mi rostro, al principio no hago nada porque estoy más que acostumbrada a que me tome de esa manera. De pronto toma mis mejillas con fuerza y las estira al máximo.
──¡Hey! ──me quejo.
──Para que sigas siendo mala conmigo.
──¡Duele! ──reclamo mientras intento quitar sus manos, pero no funciona──. ¡Mario!
Una palma golpea la nuca de Mario.
──Suéltala ──le gruñe Cristian──. No la trates de esa manera.
Mario me suelta, mirando a su amigo mientras me abraza. Pongo los ojos en blanco, ya empezó.
──Es mía, la trato como quiera.
──Deja de decir esas tonterías ──le regaño.
──Mario… ──empieza a decir Cristian con tono de advertencia, pero Mario lo interrumpe.
──Cállate, López. Y no te comportes mucho como caballero andante, la puedes volver a enamorar ──dice de lo más tranquilo.
Chillo.
──¿Has perdido la cabeza? ──pregunto, enojada.
No sé ni para que se lo pregunto, es claro que la perdió. La verdadera pregunta sería si algún día la tuvo.
Mario comienza a reír, me salgo de su agarre mientras él disfruta la vergüenza que nos dejó.
──Solo para ver cómo se ponen tú y López, ya vale la pena el caos ──goza el desgraciado.
Observo a Cristian, está profundamente sonrojado, parece un tomate. Yo estoy a punto de salir en nuestra defensa cuando de un momento a otro se repone para encarar a Mario con firmeza.
──Te ves muy chistoso cuando en esta misma casa besaste a mi esposa, maldito bromista.
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Editado: 13.04.2026