La Clave de Rose (colección: Cde #3)

Capítulo VI

A pesar de mis intentos de hablar con mis amigos, no tuve ningún tipo de éxito.

Todos se fueron casi que corriendo como si yo fuera la peste, eso me hizo sentir peor.

¿Estoy exagerando o algo así?

No todas las amistades son para siempre, eso es algo que lo tengo más que claro. Pero lo que no me termina de quedar claro en la cabeza, es en qué rayos hice de malo para que me rechacen de esa manera.

A veces Sofie, Lluc, Laura y César me acompañaban al centro comercial y me dejaban en el trabajo. Supongo que eso no volverá a pasar dentro de mucho tiempo. Tuve que estar todo el camino animándome a mí misma para que esto no me afecte más de lo que debería, no he hecho nada malo de lo que deba avergonzarme.

Antes de dejar mi celular en el bolso, lo ojeo. Solo para comprobar que nadie me responde.

Yo… podía jurar que ellos me conocían.

Suspiro, soltando todo para trabajar.

Luego de un par de horas, estoy limpiando la tienda cuando mi tío se me acerca.

──¿Por qué no tomas un descanso? ──pregunta mientras toma la escoba.

──Quiero terminar aquí primero.

──No lo creo. ──Me empuja y me alza una ceja──. Come, ve.

──Vale…

Salgo de la tienda sin muchas ganas con mi bolso con mi comida dentro, sintiéndome de lo más triste. Mientras yo estaba emocionada por reencontrarme con mis amigos en la universidad, resultó ser que ellos hablaban mal de mí a mis espaldas.

¿Quién habrá difundido todo eso?

¿Debería decírselo a Mario?

Suelto un gruñido, estoy acumulando preguntas sin parar.

Mastico de mala gana mientras que uso el tenedor para clavarlo en la carne una y otra vez deseando matar a alguien. Tal vez pasar tanto tiempo con Mario me está afectando.

──Hola de nuevo, Florecita.

Me quedo inmóvil ante esa voz.

Me quedo como una piedra mientras veo cómo Rafael toma asiento delante de mí con toda la tranquilidad del mundo, el estómago se me cierra por completo de inmediato. Ya no quiero ni ver mi comida. Solo con verlo siento repulsión, me cae fatal. Alguien como él no es merecedor de mi aliento perdido y no dudo en levantarme para recoger mis cosas.

──Hey, vamos, no te pongas así. ──Entorno los ojos, pero no le respondo──. Solo quiero disculparme por haberte asustado aquella vez en tu tienda, mi enojo era contra ese perro rabioso, no contra ti.

Pero sigo ignorándolo. Una vez con todas mis cosas en mano, comienzo a caminar de regreso a la tienda.

Esto es horrible. Primero viene a la tienda, luego me lo encuentro fuera de mi casa y vuelve estar aquí. ¿Qué diablos quiere?

Otra pregunta más para la lista.

Comienzo a desear que Cristian estuviera allí, pero sé que eso es imposible. La última vez que estuvo por aquí hizo todos los mantenimientos pendientes, dijo que tomaría un tiempo preparar todo para las reparaciones mayores que hará.

Salto del susto cuando Rafael corre para quedar frente a mí y obstruir mi camino.

──¿Estás molesta conmigo, Florecita? ──pregunta con dulzura que me parece de lo más fingida.

Ruedo los ojos.

──Disculpa mi intromisión, pero… ¿no tienes trabajo o algo qué hacer?

Rafael presiona los labios, viéndose ligeramente divertido.

──Lo tengo. ──Asiente──. Vine con un amigo a prestar servicios en uno de los restaurantes. Pero pensé en ti y… no pude resistirme en venir a verte.

Sacudo la cabeza.

──Bueno, ya me viste, así que…

Retomo mi camino, esquivándolo.

──Vamos, no seas mala conmigo. ──dice el idiota, siguiéndome──. ¿Dónde está esa amiga tuya cuando se necesita?

Justo donde me duele, demonios.

──¿Para qué la necesitas?

──Para que me ayude, claro ──responde──. Tal vez me aconseje en cómo hacerte sonreír.

Puaj.

──Morirte es una opción ──espeto de mala gana.

──Que carácter. ──Se ríe y yo aprieto el paso, uno que él sigue a la perfección──. Aunque no queda contigo, tienes carita de ser una dulzura.

Me estremezco con completo desagrado.

Me detengo a unos pasos antes de llegar a la tienda, no quiero preocupar a mi tío, por lo que adopto la actitud que Mario me enseñó tener en momentos así para no dejarme intimidar por un hombre. Lo bueno de tener un amigo como él, es que puedo entender mejor a este tipo de idiotas.

──Aléjate de mí ──ordeno con toda la firmeza que tengo──. No tienes por qué dirigirme la palabra, idiota. Ni siquiera drogándome lograrías que te hablara como si nada.

──No pienso hacerlo.

──Sí, cómo no.

──Vamos, Florecita. ──Lo veo mal ante el apodo──. Solo quiero que hablemos.

──No estoy interesada en nada de lo que quieras decirme.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.