En el camino, miro por la ventana mientras ellos hablan de sus propias cosas. De vez en cuando los observo de reojo, debido a lo divertido que es escuchar cómo ambos suelen molestarse diciendo locuras.
──Dios, baja la voz, no puedo ver el semáforo ──se queja Mario.
──¿Qué diablos tiene que ver mi voz con tu vista, Hachi? ──le pregunta May.
──Que me aturde.
──No. Sabes que amas mi voz, amargado. ──May le mira de forma desafiante, una mirada que hipnotiza a Mario por un momento──. Así como a mí me encantan tus besos.
Mario suspira.
──Muñeca, casémonos mañana. ──May se muerde el labio.
──Quisieras, pero no ──dice May──. ¿Qué opinas de casarnos en navidad? Me encanta la época navideña.
──Solo si tu vestido es de Santa Sexy, si no, no quiero.
May comienza a reír.
──Déjate de tonterías, hablo en serio.
──¿Sí sabes que todo suele ser más costoso en esas fechas? ──le pregunta──. Además de que todo cierra, y, por último, falta mucho para navidad…
──¿Qué te cuesta esperar?
──Eso no dices cuando me pides…
──Hachi, Rose está atrás ──interrumpe May.
Mario me observa por el espejo retrovisor.
──Rosie sabe que le damos hasta el cansancio, no entiendo por qué me dices esto ──habla Mario de lo más tranquilo.
Tapo mi rostro.
──Mario, dijimos que no tocarías estos temas como si nada ──musito de lo más apenada.
──Ay, vamos, Rosie. ──dice mientras se adentra en una calle, la reconozco al instante. Estamos cerca de la casa de los López, cuento los segundos para llegar y alejarme de Mario──. ¿Por qué tan avergonzada?
May le pega.
──Déjala, no te metas con ella con estos temas.
──Tiene veinte años, algún día dejará de ser virgen.
Le gruño.
──No digas tonterías.
──Hablo en serio ──insiste──. Puedo darte consejos si quieres.
──¡Mario! ──Me escandalizo──. Hablo en serio, basta ya.
May me observa. Creí que se pondría de mi lado, pero se puso del lado del descarado.
──¿Te enseño yo? Nada como una mujer para explicarte.
Volteo hacia la ventana, estos dos cuando se ponen de acuerdo pueden ser bastante descarados.
Y de eso trató la conversación el resto del camino, dándome ganas de abrir la puerta del auto en movimiento para simplemente lanzarme.
Sin importarme lo cohibida que suelo sentirme con Rebeca, apenas llegamos a la casa yo bajo volando del auto. No soportando más esta charla sobre posiciones y yo qué sé qué cosas, ni mis padres me hablan de este tema con tanto detalle.
Sé que es algo normal y que todos hacen en un punto de la vida, lo que no entiendo es cómo ellos se toman el tema tan a la ligera. Cristian y Rebeca suelen ponerse como tomates cuando mencionas esa palabra frente a ellos, y tienen dos hijos.
──No toques el timbre. ──pide Mario una vez yo estoy frente a la puerta, él se acerca junto a May mientras la toma por la cintura──. Toca la puerta, Rebeca suele estar atenta.
Me llama la atención aquello, pero como ellos retoman el tema me apresuro a tocar la puerta. Donde dos minutos después Rebeca me abre, y entiende mi expresión cuando ve mis acompañantes.
──Pasa, Rose. Siéntete como en casa ──anima, divertida.
Entro lo más rápido que puedo apenas la escucho decir eso, alejándome lo más posible de los pervertidos.
El descarado de Mario no deja de reír.
──Espanté a la niña. ──May se une a sus risas al escucharlo.
Dejo mis cosas en la mesa del comedor.
──Deja de llamarme así ──murmuro de mala gana.
Decido ignorarlo cuando sigue con sus locuras, ya se le pasará la tontería por sí solo.
Exhalo y le escribo a papá para indicarle dónde estoy y así no se preocupe. Asegurando que volveré a casa temprano.
Papá: Si Mario está contigo, está bien.
Sonrío un poco, no creí que papá confiara tanto en Mario.
Entonces saco mis cuadernos para comenzar a estudiar.
──¿Qué estudias? ──Observo de reojo a Rebeca, que se sienta a mi lado para curiosear.
──Administración de empresas.
──Oh, eso es genial. ──dice y observa mis apuntes──. ¿Estás viendo integrales? Tenía años que no veía estos ejercicios.
Se ve emocionada, algo que me parece increíble.
──Sí. Aunque yo no los entiendo. ──Se muerde el labio al escucharme.
──Déjame enseñarte ──ofrece.
Y aquí de nuevo sintiéndome como si fuera mi mamá, ella me explica con suma paciencia mi clase entera de matemáticas y yo estoy de lo más sorprendida. No esperaba que Rebeca fuera tan inteligente.
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Editado: 04.05.2026