La Clave de Rose (colección: Cde #3)

Capítulo IX

Miro a Cristian con súplica.

──La están abrumando.

Él hace una mueca, pero se dirige a ellas.

──Por favor, tómenlo con calma. Saben que esto es estresante. ──pide y ellas suspiran, rindiéndose.

Me preocupa, si soy honesta. Pero antes de que pueda acercarme a ella, entra alguien a la sala. El chico mira a May de inmediato.

──Oh. Estás aquí, loca. ──May rueda los ojos, pero se deja estar cuando él la encamina lejos de todos──. Ven, te traje avances. Te relajará ver tu posible futura casa con Mario si la quieres.

La misma señora amargada interviene.

──¿Si la quiere? Eso es lo mínimo que pueden hacer.

Me molesto aún más. ¿Qué diablos le pasa? Que esté frustrada con su propia vida no es culpa de May.

Agradezco que ese chico se haya llevado a May, porque puedo gruñir a gusto.

──¿Lo mínimo? ──Siento como Cristian a mi lado se tensa──. Mi amigo tiene toda la vida resuelta para May, ella no tiene nada de qué preocuparse de su futuro. No puede estar en mejores manos.

La mamá de Cristian aprieta los labios con diversión, pero me guiña un ojo con discreción. Parece que no soy la única estresada por esta señora.

Cuando la amargada parece querer responder, Cristian se levanta de un salto.

──Bueno, esos detalles son paso por paso. No sobrecarguemos a May con información. ──Me extiende su mano y la acepto, levantándome──. Nuestra prioridad es lograr que su boda sea perfecta, ¿cierto?

La mujer termina por asentir y finalmente guardar silencio, lo cual es un alivio. Porque estaba a nada de rabiar.

Cristian comienza a encaminarme a donde se fue May con el chico.

Ahora me entra la pena con él.

──¿Fui grosera? ──pregunto en voz baja.

Sacude la cabeza.

──No, Rose ──garantiza──. Gracias por defender a Mario y a May. Por aquí suelen ponerse algo… nerviosos con tantas cosas que hacer.

¿Nerviosos? Pff, esa señora no paraba de criticar cada detalle de la boda de May.

Pero no quiero hablar mal de su familia.

──Algo así me dijo Mario, que cuando me case contrate a una organizadora de bodas.

Comienza a reír.

──Hazle caso, ahórrate este dolor de cabeza.

Llegamos a lo que es el comedor, donde está May con el chico observando un plano. Se ve que eso la está animando, así que, con el impulso de animarla más, me coloco detrás de ella para abrazarla.

──Lamento todo eso, Rosie ──musita.

──Tranquila. ──Me aparto para comenzar a trenzar su cabello──. Entre Cristian, Rebeca y yo, les ayudaremos con todos los detalles. No tienes de qué preocuparte.

Suelta un suspiro y asiente.

──¿Todo bien? ──Volteo ante la pregunta de Cristian, solo que no nos miraba a nosotras, sino al chico.

Cuando me vuelvo hacia él, tiene la mirada fija en el plano, pero se puede ver claramente que está sonrojado.

──Vaya, ¿la segunda parte del apocalipsis? Quien diría que conoces la timidez ──bromea May, recuperando su humor. Lo cual es un alivio.

──Cállate, loca. ──espeta y me deja atónita. Él recoge todo lo que tenía en la mesa con prisa, exceptuando el plano que observaba con May──. Mejor trato con Mario esto, no sabes ni cómo quieres una puerta.

──¡Hey! ──regaña Cristian.

Pero May comienza a reír, parece no afectarle nada de lo que dice.

──¿Por qué tan nervioso, eh?

No le contesta, simplemente se limita a recoger todo. Ni yo entiendo por qué tiembla tanto.

──Como sea, me voy. ──refunfuña. Suspira para relajarse y vuelve a observar a May──. May, tómalo con calma, ¿sí? Es tu boda, tú tomas las decisiones.

May asiente.

──Lo sé, Dani. Gracias. ──Él asiente y se acerca para besar su frente. Me aparto para darle espacio y que pueda hacerlo con tranquilidad.

Es curiosa la relación entre ellos dos. Se molestan, pero claramente se quieren bastante.

──Daniel, ella es Rose. Es nuestra amiga ──me presenta Cristian.

Daniel se aparta para observarme.

──Hola ──saludo con una enorme sonrisa──. Un placer.

Y vuelve a enrojecer.

──Igualmente. ──Daniel reacciona justo cuando May vuelve a reír──. Agh, me voy.

Apenas se adentra en una de las habitaciones, hablo de nuevo.

──Rayos, creo que le caí fatal.

Las risas de May aumentan.

──Sí, claro. Le caíste tan mal que se puso rojo.

¿Y por qué lo dice así?

Pero… se ve que le da gracia la situación y eso me alegra, por fin está relajada de nuevo.

Me acerco al plano para curiosear.




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