La Clave de Rose (colección: Cde #3)

Capítulo XI

──No pienso ir a ningún lugar contigo.

──Bueno, pero si sigues ese camino te adentrarás más a este barrio ──explica──. Por allá quedan bares de mala muerte, no creo que te guste pasar por allí.

¿En serio?

Veo dónde me indica, y lo cierto es que no sabría decir si lo que me dice es mentira o no. Yo no conozco este lugar y no quiero tropezar con ese tipo de lugares.

──¿Quieres que te acompañe a la salida? Es por allá. ──Señala con el dedo otra calle y… es ahí cuando dudo.

Porque al verlo, está totalmente sereno y tranquilo. Y aunque no confío en él…

──Bueno ──acepto.

Soy bien estúpida.

Porque solo bastó seguirlo por el dichoso camino un par de calles para darme cuenta de que me mintió, porque en lugar de encontrar la salida… fuimos directo a un club que queda más apartado que todo lo demás en el lugar.

E intento irme cuando noto que me arrastra a ese establecimiento.

──¡Ni loca! ──grito──. ¡Suéltame!

Pero él me arrastra igualmente, y entro inmediatamente en pánico.

Recuerdo perfectamente lo que le hizo a May, en cómo la drogó sin el mínimo rastro de consciencia y solo puedo esperar lo peor. Sentimiento que empeora cuando nos encontramos dentro del maldito bar porque jamás he estado en uno. Mario siempre me dijo que me llevaría, pero nunca se dio esa oportunidad.

Apenas quiero gritar, su agarre se intensifica.

──Tranquila, solo respira.

──¿Cómo que respire? Sabes que no te quiero cerca, y haces todo lo contrario.

──No te voy a morder.

──¿Morder? Sinceramente, me da más miedo otras cosas. ──admito observando a personas… interesantes aquí dentro.

──Por favor… solo no hagas escándalo, ¿sí? ──pide. Me acerca más a él como si quisiera esconderme.

Hasta este idiota sabe que este sitio no es bonito, ¿para qué nos arrastra dentro?

──Me estás arrastrando a la fuerza, si hago escándalo, créeme que tú saldrás perdiendo.

──Si haces escándalo, no te diré la nueva contraseña de tu celular.

Dicho esto, me muestra el celular bloqueado, teclea la contraseña fuera de mi vista y empieza a husmear en él.

Cómo me arrepiento ahora de no haber tenido una contraseña.

──Interesante ──murmura──. Parece que también te tienes mucha confianza con el perro rabioso.

Solo puede ser Cristian.

De solo recordar mis conversaciones con él, me entra la pena.

Solo bastó escribirle una vez a Cristian para que comenzara a hablarme con bastante frecuencia, suele pedirme opinión sobre qué llevarle a Rebeca al salir del trabajo. Parece encantarle que yo sea la única que no se queje de que ellos sean un par de empalagosos, cosa que he escuchado bastante de ellos. Sinceramente, yo no los he visto tan cariñosos para eso.

Pero, por otro lado, me da rabia su manera de llamar a Cristian.

──No le faltes al respeto. Él, a diferencia de ti, tiene educación ──gruño.

Logro quitar su mano de mi cintura, pero me toma del brazo para seguir caminando conmigo.

──¿Sigues enamorada de él? ──pregunta con seriedad.

¿Es que todo el maldito mundo lo sabe?

──No. ──Niego como puedo.

──Ajá. ──Menea la cabeza──. Bueno, me quedaré con tu número.

Lo veo marcar un número en mi celular haciendo que suene un timbre en su bolsillo. Pongo los ojos en blanco.

──¡Ni se te ocurra guardar mi número! ──No me hace caso, guarda mi teléfono en su bolsillo trasero, seguido de sacar el suyo y guardar el número──. ¡Eres…!

Ríe y vuelve a rodear mi cintura con el brazo que me sostenía.

──Anda dilo, ¿qué soy? ──pregunta de forma tan pícara que volteo, no soy capaz de mantener mi mirada ante la suya──. ¿Guapo? ¿Irresistible?

──Ninguna, eres un idiota.

──Un idiota muy atractivo.

Y maldita sea que tiene razón.

──¿Qué diablos quieres de mí? ¿Para qué te tomas tanta molestia en arrastrarme hasta aquí? ──siseo en voz baja──. No tengo nada, solo déjame en paz…

Chillo e interrumpo mis palabras cuando toma mi cintura con ambas manos y me sienta en una silla de la barra con facilidad, aquello me sorprende. Miro con desesperación a un tipo sentado cerca en busca de ayuda, pero éste solo me ignora y sigue bebiendo.

Aaah, pero si fuera chisme si vieras, ¡inútil!

──Quiero una cosa, Florecita. ──responde y vuelvo a verle──. Quiero disculparme contigo.

Ja, sí claro. ¿Qué sigue? ¿El fin del mundo?

──¿Y te pareció buena idea arrastrarme a este lugar y chantajearme? ──inquiero con sarcasmo──. Tienes una definición de disculpa bastante dañada.

Rafael ríe, carraspeo y vuelvo a desviar la mirada.




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