La Clave de Rose (colección: Cde #3)

Capítulo XIII

Cristian

Quiero el tercero.

Me encuentro viendo la vitrina de la tienda de bebés mientras ese tipo de pensamientos rondan por mi cabeza, no puedo frenarlos. Lucas y Lucía son las criaturas más perfectas que Rebeca me ha dado, ahora no puedo esperar para ejecutar ese plan.

Rebeca lo sabe, porque me gruñe cada vez que la toco.

Me muerdo el labio, todo es culpa de ella por ser tan hermosa y provocativa.

Volteo hacia la tienda de peluches y sigo sin ver a Rose, vine a hablar con Roberto de las remodelaciones y quería aprovechar de ver a Rose para asegurarme de que esté bien. Me inquieta lo nerviosa que se ha estado viendo últimamente, algo me dice que no está bien. Sentimiento que empeora al ver la hora, ya debería estar aquí.

Tal vez solo estoy paranoico, tal vez solo esté proyectando mis experiencias en ella y en realidad, todo está bien.

Decido alejarme para evitar hacer una locura como comprar una nueva cuna, cuando Mario me llama.

──¿Qué tal? ──saludo, alejándome de la tienda.

──Hola, López ──habla animadamente──. Llevaré a Rosie a tu casa, se siente algo enferma. ¿Crees que puedas avisarle a su tío que no podrá ir por hoy?

Detengo mis pasos.

Puedo decir con total seguridad que no está enferma, algo está pasando.

A esta hora, Mario debería estar trabajando, no suele salir temprano a menos que sea algo importante. Y lo importante suele ser May o Rose, y May está tranquila haciendo lo suyo.

──¿Qué tiene? ──pregunto.

──No es nada grave, solo no quiero que…

Mario no lo sabe, pero él apesta mintiendo.

Desde el momento que decidió besar a mi Ballerina comencé a notar sus nervios ante una mentira, ahora le resulta imposible ocultarme algo.

──Sé que no está enferma ──interrumpo──. ¿Pasó algo que deba saber?

──Ah. ──Noto cómo respira de forma pesada, parece estar conteniéndose. Puedo imaginar a Rose observándolo a detalle, ella suele tener un ojo bastante crítico──. Luego te cuento.

──De acuerdo ──acepto──. Le avisaré a Ballerina para que esté atenta.

──Gracias, López. ──Y cuelga.

Suspiro y doy la vuelta para regresar a la tienda de peluches mientras le dejo un mensaje a mi Ballerina, Roberto me recibe de forma cálida y sonriente. Solo que pierde un poco esas cualidades al yo decirle que Rose se siente mal, solo se calma cuando le explico que estará en mi casa.

──Cuida de mi niña, Cristian ──pide, preocupado──. Sé que eres buena persona, ¿puedo confiar en ti?

──Claro ──respondo de inmediato──. Debe estar ahora con mi esposa, pero en un rato iré para allá.

──No sabes cómo me alegra que cuides de mi sobrina ──dice con una sonrisa──. Aunque la tratas como una hija, no sé si te has dado cuenta.

Puedo sentir el sonrojo expandirse por mi cuello y rostro, algo que hace reír a Roberto. Peino mi cabello algo tímido ante eso, porque pensaba que nadie más se daba cuenta de ello. Al parecer me equivoqué.

Aprovecho el momento para entregarle la lista de materiales que vamos a necesitar para los mantenimientos del lugar. Y luego de despejar algunas dudas con respecto a lo que se hará, me despido y salgo de allí, dirigiéndome al estacionamiento del centro comercial.

Es cuando estoy en mi auto que Mario vuelve a llamarme.

──¿Qué sucede? ──pregunto, directo.

──Rafael. ──Aprieto el celular con rabia──. Arrastró a Rosie hasta un maldito bar, parece que se la encontró camino al centro comercial.

──¿Tomó algo…?

──No, supuestamente la llevó allí para disculparse ──interrumpe──. Me volví loco, López. Era tanta la preocupación y desesperación que sentí al verla con él, que la toqué por todas partes para asegurarme de que no le hizo daño.

Alzo las cejas, es claro que se siente mal por eso.

──No te sientas culpable, Mario. ──Adivino su inquietud──. Créeme que hubiese hecho lo mismo. Con ese idiota hay que asegurarse.

Bueno, lo mismo no creo. Lo más probable es que se la hubiese entregado a Rebeca para que la revise ella. Pero no quiero que se sienta mal.

Lo escucho suspirar.

──De acuerdo ──susurra.

──¿Dónde fue eso?

──Al norte.

No necesita especificarme el nombre del lugar, lo reconozco de inmediato. Aquello hace que me tense.

Me inquieta, Mario dijo que Rafael se la encontró en el camino, ¿qué rayos hacía Rose por esos lados sola? De verdad que Rose es muy tranquila con su entorno, parece no entender el peligro.

Retiro mis lentes para frotar mi rostro.

──¿Te portaste bien?

Suspira.

──Sí, pero… la tenía contra el mesón, López. Cuando entré, la estaba tocando su rostro como si… agh. La única razón por la que no hice nada, es porque May me mata.




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