La Clave de Rose (colección: Cde #3)

Capítulo XV

Siento que estoy en un aprieto, ni siquiera sé si se lo diré a mis padres, no me gusta preocupar a los demás. Solo me queda… guardarlo.

──No lo hacen ──contesto.

──Bueno, quiero que se lo digas a Mario.

Pongo los ojos en blanco.

──Mario los matará si…

──Precisamente. ──murmura mientras vuelve a acelerar──. Esto lo involucra, ¿sabes?

──Sé que sí, pero…

──Te estoy viendo, Rose ──dice, interrumpiéndome──. Te lo dije una vez: conozco muy bien los «no pasa nada». Sé reconocer cuando alguien está recibiendo los golpes en silencio.

Suspiro, no tiene sentido negárselo a él. Es más que obvio que sabe leerme a la perfección. Lo miro con detalle, evaluándolo por completo y él al darse cuenta me dedica una sonrisa tranquilizadora.

──Entonces quiero que me prometas que no le dirás a nadie. ──condiciono y Cristian me observa sorprendido──. Te lo pido porque… no es nada, puedo con esto. Son solo rumores.

──Pero si me pides que no diga nada… me inquieta, Rose. ¿De verdad solo son rumores?

Pienso cuidadosamente mis palabras antes de decirlas.

──Se alejan y crean más rumores ridículos. ──No me veo capaz de decirle los que lo involucran a él, me hace sentir culpable──. Pero no es algo que me moleste, porque sé que lo que dicen no es cierto.

Cristian conduce en silencio mientras analiza lo que le digo, parece perdido en sus pensamientos y al mismo tiempo que se hace espacio por el tráfico. Luego de un par de minutos, vuelve a hablar.

──No lo entiendo.

──¿Qué?

──Esto no había pasado antes ──señala──. Tú misma lo dijiste, ya habían visto a Mario desde antes. Y ahora con lo de Rafael…

Exhala, parece inquieto.

──No te preocupes tanto ──pido──. Tampoco es como si fuera tan importante como May para Mario e intenten hacerme algo.

Cristian se detiene frente a mi casa y me observa con el ceño fruncido.

──¿Por qué dices eso? ──pregunta──. ¿Me estás tratando de decir que Mario no te cuidará como lo hace con May?

Yo y mi estúpida boca.

Me doy la vuelta para abrir la puerta y huir, solo que tiene el seguro puesto. En definitiva, los que conducen tienen mucho poder, con ese estúpido botón que no deja que pueda quitar el seguro manualmente.

Todo es culpa de él: me hace sentir que puedo decirle todo, pero parece no aceptar que me vea menos.

Intento inútilmente abrir la puerta, pero no tengo suerte, estoy atrapada.

Ayuda.

──Rose. ──Me encojo en mi asiento ante su tono de voz.

¿Dije que parece mi papá? Pues es peor, me siento regañada como una niña pequeña.

──¿Y no es así? ──opto por decir, incapaz de verlo.

──Creo que no te haces una idea de cómo te ve Mario. ──Bajo la mirada──. May será su esposa sí, es cierto que primero será ella, pero eso no quiere decir que dejarás de importarle. Te adora, Rose. ¿Sabes que eres la única amiga que ha tenido en su vida y no ha intentado ligar?

Ay, si supieras.

Tengo que aguantarme las ganas de reír para no delatar nuestro pequeño secreto.

Me atrevo a verlo.

──Es que alguien me lo dijo y…

Él ríe.

──Esa persona claramente no conoce a Mario, ¿quién fue?

──Era una amiga… ──musito. Y sin darme cuenta, comienzo a hablarle de los miedos que me metió en la cabeza. Estaba desahogándome con él sin ningún tipo de pena.

──¿Qué clase de amiga es esa? ──pregunta una vez termino de relatarle todo. Aprieto los labios──. ¿Tienes muchas amigas así?

Me encojo de hombros con algo de pena.

──Honestamente, ya no tengo amigas. Nadie me habla por los rumores. ──Él alza las cejas──. ¿Me darías un consejo sobre esto?

Se inclina hacia mí, evaluándome.

──¿Me prometes que solo son rumores? ──murmuro un afirmativo──. Yo solo tuve un amigo en el bachillerato, que resultó ser muy parecido a esa chica que era tu amiga. Luego de eso, vi la amistad diferente. Dejé de buscar amistades. Y allí llegó Mario en la universidad, a pesar de todo lo que me ha hecho ese idiota, me lo ha compensado a su manera. Él fue… el único que nunca me vio como un bicho raro.

Por alguna razón, eso me duele. Alguien tan bueno como él…

»Mi consejo es que, cuando una persona en tu vida se va y te das cuenta de que te restaba en lugar de sumar, créeme que no perdiste a nadie. No les des el gusto de que te sientes mal por no tener amigos allí. Si tu amiga era de esa manera… no creo que te pierdas de mucho allá. Nunca intentes cambiar algo de ti para agradar a los demás. ──Me pellizca la nariz──. En mi casa todos te adoran, ¿sabes? Apóyate en eso.

Estoy a punto de responder, pero volteo al escuchar que la puerta de mi casa se abre, en ella sale mamá y viene directamente al auto.




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