La Clave de Rose (colección: Cde #3)

Capítulo XX

Veo de reojo como Alan se acerca a los dos niños menores para entretenerlos con la televisión, totalmente hipnotizados.

Vuelvo a enfocarme en Rebeca. Ella, a diferencia de May, es mucho más calmada. Con solo recordar lo que sentí con ese tonto beso, siento tanta culpa que me hace falta un consejo y… tal vez Rebeca me pueda ayudar.

Pero como soy demasiado cobarde para contarle todo directamente, tal vez escuchar un poco de amor sano me ayude.

──¿Cómo fue tu primer beso? ──pregunto.

Me arrepiento al ver cómo enrojece. Pero se repone rápidamente, solo para mirarme con claro interés.

──¿Por qué me preguntas eso?

──Curiosidad.

──Ah… ──Suspira y cierra la laptop para verme con total atención──. Fue con Cristian: estábamos en la calle y él simplemente lo hizo.

Vale. Necesitaba escuchar algo romántico, no lo que literalmente me pasó ayer. Esto me hace sentir peor.

──¿En la calle?

Rebeca suelta una risita, para luego desviar la mirada cuando su rostro se vuelve un tomate.

──Sé que suena un poco raro, pero fue muy adorable ──musita──. Me tomó por completa sorpresa, estábamos hablando y él para interrumpirme me besó.

Casi quiero quejarme, ¿puede decir algo diferente a mi experiencia?

──Ah, y… ──Observo mis dedos un segundo, jugueteando con ellos con claros nervios──, ¿por qué fue adorable?

Ella suspira, apoyando su barbilla en su mano.

──En ese momento estaba pasando un momento desagradable, estaba tan llena de preocupaciones que él simplemente dio ese paso. Fue tierno, porque solo fue… pues, tú sabes. ──balbucea toda nerviosa y no puedo evitar reír. No sé qué le da pena, Cristian vive besándola frente a todos──. Mi corazón se volvió loco, aunque aún lo hace cuando me besa.

Aquello me enternece.

──¿Se te acelera cuando te besa aún?

──De hecho, se me acelera con solo su mirada ──confiesa──. ¿Por qué lo preguntas? ¿Con quién fue el tuyo?

Me da algo de nervios confesarlo, pero al final de todo si ya May lo sabe…

──Fue con Mario. ──Ella se sorprende──. Él me había invitado a salir, y en esa cita hablamos más de amores prohibidos que de nosotros.

Enrojece al entender a lo que me refiero y no puedo evitar sentir vergüenza.

──¿Y te besó?

──Sí… ──La simple idea de decir detalles de eso, me da vergüenza.

──No me sorprende de Mario. ──Rebeca sacude la cabeza──. ¿Nadie más te ha besado?

La culpa vuelve con fuerza.

──Eh… de hecho, mis padres piensan que soy lesbiana. ──Ríe con ganas──. Solo me preguntaba… cómo se siente cuando te besa la persona correcta.

Me evalúa por unos segundos, pensativa.

──Pues, creo que es algo que solo tú puedes saber cuándo ocurre ──dice ella──. Porque créeme, la persona correcta daría todo por hacerlo especial para ti.

Eso me puso a reflexionar.

──¿Puedo hacer otra pregunta? ──Ella asiente──. ¿Cómo lo hizo Cristian especial para ti?

──Porque… me estaba ayudando con temas que no cualquiera haría, yo no dejaba de preguntarme porque lo hacía si yo no era su responsabilidad. Y cuando me besó… sentí de inmediato que él hace y haría todo por verme segura y feliz. ──Sonríe──. Cristian siempre dice que es el más afortunado por tenerme, pero yo lo siento al revés. Porque él movió cielo, mar y tierra para estar conmigo. Hizo cosas que no cualquiera haría, y eso… es difícil de encontrar.

Se me acelera el corazón, escuchar eso… es justo lo que necesitaba.

La persona que esté a mi lado, debe ser alguien bueno, alguien que quiere buscar mejorar mi entorno y hacerme más feliz. Cuidarme, justo como lo hace Cristian con ella. Hacerme reír, justo como Mario hace con May cada momento.

No alguien cuestionable que tiene un entorno… no muy agradable, que solo me acosa hasta el cansancio y me besa sin preocuparle si quiero o no.

Entonces llega May, aparentemente salió temprano de su trabajo otra vez y vino para hablar de su boda.

──Decidido ──anuncia──. Como ya el cumpleaños de Mario es en tres días, mejor nos casaremos el mes siguiente.

Rebeca rueda los ojos.

──Ya veré qué fecha me dices mañana ──masculla──. ¿Si acaso tu vestido de novia está listo?

──Claro que lo está, lo estoy haciendo yo.

Rebeca gime, mortificada.

──Mario lo vio, ¿verdad? ──May no responde──. ¡May! Se supone que eso no debe saberlo.

──No me importa, quería una opinión.

──¿Y nosotras estamos pintadas en la pared o qué?

──Cálmate. ──le pide. Entonces me mira──. Mario traerá tu vestido más tarde para que te lo pruebes, ya debe estar perfecto.

──Estupendo.

Estábamos hablando de la boda mientras cuidábamos a los niños. Y cuando ya entra la noche, mi celular comienza a sonar con un mensaje.




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