Ya casi es la hora del cierre. Estoy sola en la tienda, mi tío se había tenido que ir porque se sentía mal y yo le aseguré que estaría bien. Lo he hecho varias veces sin inconvenientes.
Hoy tengo planeado visitar a Adriana, la mamá de Mario. Según me contó, tiene un nuevo color de lana para tejer y hacerles una almohada a los gatos. Tiene demasiados, creo que tendremos que dar en adopción porque no puede con tantos. Todo por culpa de Mario y su tonta idea de darle gatos en celo.
La puerta se abre y yo volteo con una sonrisa.
──¡Bienvenido…! ──Mi ánimo cae al ver que se trata de Rafael──. Ah, eres tú.
El idiota suelta una risa.
──Hola, ¿cómo estás? ──pregunta igualmente──. Yo estoy muy bien, gracias por preguntar. Que dulce eres por preocuparte por mí.
──Para ya ──pido──. ¿Qué haces aquí?
Al verme menos a la defensiva, se acerca. Apoyándose en el mostrador mientras me mira con picardía.
──Vine a verte.
Respiro hondo.
──Ya me viste, ahí está la puerta. ──señalo, alejo mis manos cuando veo que intenta tocarlos──. Puedes cerrar cuando salgas.
──Quiero besarte ──confiesa.
Yo también.
──Bueno, no lo harás ──digo, nerviosa──. Vete, ¿sí?
──¿No te gustó mi beso?
Ese es el problema, el problema es que, sí me gustó, solo que sé que eso está mal. Cristian me dijo algo muy cierto: tengo que preocuparme por mi bienestar, y para eso debo elegir con cuidado a quien dejo estar cerca.
Y Rafael, definitivamente, no debo permitir que siga atravesando mis muros.
──No, no me gustó. ──Apenas veo cómo busca acercarse, vuelvo a hablar──. Rafael…
Suspira.
──Creo que es la primera vez que dices mi nombre y no algo como «idiota» o «animal» ──comenta, sonriendo──. ¿Podrías repetirlo? Se escuchó… muy bien con tu voz.
Ahora sé con certeza… que estar sola me vuelve muy débil.
──Ra… Rafael. ──murmuro, pero mi crisis crece cuando lo veo rodear el mostrador para acercarse──. Espera, alto ahí. Solo personal autorizado.
Alza una ceja.
──¿Te pongo nerviosa?
Regla número uno, Rose.
──No, no me pones nerviosa ──miento──. Pero creo en serio que esto debe parar, no quiero tener problemas por estar cerca de ti.
Se detiene a mitad del recorrido, a nada de entrar al mostrador.
──¿Qué tipo de problemas tendrías?
──No lo digas como si no lo supieras ──respondo──. Eres malo.
──¿Por qué?
──¿Cómo que por qué? Lastimaste a mis amigos…
──Lo sé.
Entorno los ojos.
El idiota retoma sus pasos, de forma lenta y agonizante que solo se me ocurre seguir escupiendo cosas para intentar detenerlo.
──No me gusta tu entorno ──continúo──. Tienes un historial de bares y sustancias ilícitas, eres un peligro para mí.
──Florecita, tengo eso en común con Mario. ──Mi espalda choca contra la pared cuando lo tengo frente a mí, estoy atrapada──. ¿Por qué no me das el beneficio de la duda como lo has hecho con él?
Toma mi rostro, haciéndome suspirar.
¿Qué hago?
»¿Recuerdas cuando me preguntaste por tu lenguaje verbal y corporal? ──pregunta, yo quedo como tonta sin saber qué decir──. Tu respiración está acelerada, tu mirada me está llamando y tu voz tiene el poder de derretirme. ¿Qué tal sí… me ayudas con el verbal por esta vez, Florecita?
La ansiedad solo crece.
Cordura, no caer en palabras bonitas.
Lo repito una y otra vez.
──Tengo… tengo que cerrar y…
──Por favor, Rosie ──suplica.
Pero no puedo responder.
Porque él notando mi duda, me toma con firmeza de la cintura y me sienta sobre el mostrador. No puedo ni protestar, porque una vez allí vuelve a besarme.
Mi cuerpo entero tiembla, recordando las palabras de Rebeca sobre cómo se siente el contacto con la persona correcta.
No sé si esta es la emoción que ella describe, pero mi cuerpo se incendia ante el beso. Mi mente se apaga y mis labios corresponden de inmediato ese beso con fuerza, completamente extasiada.
Mis manos cobran vida propia y sujetan el rostro de Rafael con firmeza, dando todo de mí en ese beso. Siguiendo, muy a mi pesar, los consejos que Mario me había dado en su día, no pude estar más agradecida de esa clase hasta este momento.
Rafael me abraza por completo y parece estar tan perdido como yo en el contacto. Yo comienzo a sentirme mareada, siento que todo me da vueltas al estar así de esta manera con él.
Me muerde el labio y lo succiona, haciéndome temblar de nuevo. Y no queriendo quedarme atrás, le regreso el gesto.
#2069 en Novela contemporánea
#9086 en Novela romántica
#2037 en Chick lit
juvenil, amortoxico, amistad amor traicin drama romance humor
Editado: 15.06.2026