La Clave de Rose (colección: Cde #3)

Capítulo XXII

Al salir del trabajo, me encamino a casa de los López, aprovechando que aún es temprano.

Y… de verdad necesito un consejo. Sé que es una locura, pero el único que sabe toda esta tontería es Cristian.

Además, me vendrían bien unas clases de matemáticas con Rebeca. Nada mejor que ver una clase horrible de integrales para olvidar las cosas horribles que hago. Rafael no me ha llamado y lo prefiero así, tal vez me dé tiempo a obtener la fuerza para darle un alto.

Respiro y toco la puerta. Cristian la abre en menos de un minuto.

──Hola, Rose. ──Paso, totalmente rígida──. ¿Qué sucede?

Dios, es mucha la culpa. ¿A dónde se fue toda mi valentía?

Me quedo de pie allí en la entrada, construyendo lo más rápido que puedo una confianza que no tengo disponible. Siento que los estoy decepcionando, al no ser capaz de seguir los consejos de todos, sobre todo los de Cristian.

»¿Rose?

Se supone que vine para pedirle su consejo, pero la idea de que me vea como una tonta me está consumiendo.

Tiemblo por completo.

──Lo lamento ──musito.

──Oye, ¿qué sucede?

──Lo besé.

Lo dije tan bajo, que Cristian no me escuchó.

──¿Qué dices? ──pregunta, acercándose.

──Que lo besé. ──Me atrevo a verlo, está claramente sorprendido.

Solo que, con los segundos, su expresión se endurece.

──¿Te obligó?

Niego y lo encaro.

──Que yo lo besé. ──Me mira sin decir nada, puedo ver cómo intenta entenderme──. Lo lamento, no sé qué me pasó, simplemente lo besé y… él…

──Tranquila. ──Toma mis hombros──. Tranquila, Rose. No te voy a gritar o algo parecido por eso.

──Tú me dijiste tantas cosas, y yo…

──Hey, tranquila. ──Suspira, parece tan preocupado como lo estaba Adriana ayer──. ¿Qué quieres hacer?

──Yo… no lo sé.

──¿Y por qué me lo estás contando?

──Necesito un consejo con urgencia.

──Ah. ──responde y mira atrás──. Dame un momento.

──¿A dónde irás?

Me quita mi bolso.

──Solo un momento, espera aquí.

Obedezco y lo veo ir al comedor con mis cosas, donde seguramente está Rebeca con los niños. Solo para volver vestido para salir, toma mis hombros y me encamina hacia afuera.

──¿Me vas a regañar? ──pregunto sin poder evitarlo cuando noto que me está guiando hacia el auto.

──Puede que sí. ──Asiente y me pongo nerviosa──. Sube.

Me abre la puerta del auto y no me queda otra que hacer caso, solo es cuando él sube también que mis nervios aumentan. Está pensativo, con la vista al frente mientras mueve las manos, jamás lo había visto tan inquieto.

──Entonces, lo besaste. ──Parece que lo dice más para él──. Rose, me temo que…

──Puedo hacerme una idea de lo que dirás ──apresuro a decir──. Pero es que…

Me mira con atención.

──Sé que no soy quién para decirte nada de esto ──aclara──. No puedo prohibirte ni controlar tus decisiones, pero esto es…

Se interrumpe cuando bajo la mirada, claramente dolida.

Se hace un silencio que no soy capaz de llenar. En este momento, me decepciono de mí misma y entiendo que él se ponga así. Que se inquiete por lo que estoy haciendo, es una completa locura confiar en alguien así.

──Oye. ──me llama y yo le miro──. ¿Te gusta?

Asiento. Tiene una expresión llena de duda, pero termina repitiendo mi gesto.

»Si me lo permites, haré el papel de padre celoso. ──Alzo las cejas──. Este es tu asunto después de todo, no sé si confías en mí, pero…

──Sí lo hago ──interrumpo──. Vine aquí para decírtelo, eres él único que lo sabe.

Adriana me miraría indignada por negarla en este momento.

Luego de unos segundos, Cristian suspira.

──Entonces, baja y entra a la casa.

──Pero…

──Tranquila. ──Me sonríe──. Solo baja y espérame en casa con Rebeca.

──No quiero molestarte a que hagas... ¿qué se supone que harás?

Pellizca mi nariz.

──Tranquila, anda. ──Me tiende una copia de la llave de la casa──. Dile a Rebeca que tuve que salir un momento.

No me dirá, eh.

Me bajo del auto y me adentro en la casa algo dudosa, mentiría si digo que no estoy nerviosa. Me arrepiento de haber confesado, porque ahora parezco una tonta enamoradiza incapaz de distinguir entre alguien bueno y alguien malo.

──¡Hola, Rose! ──saluda Rebeca y me señala el asiento a su lado, me siento allí sin pensarlo──. Mamá, ella es Rose. La amiga de Mario.

¿Mamá?




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