La Clave de Rose (colección: Cde #3)

Capítulo XXIII

A mitad de mi jornada, mi tío me dice que me vaya a comer mientras él se queda en caja. Obedezco más que gustosa, porque me estoy muriendo de hambre.

Estoy sentada organizando mi comida, cuando me hablan al oído.

──Hola, Florecita ──ronronea──. Me has arruinado los planes, pensaba comprarte algo para comer.

Suelto una risita. Rafael se sienta frente a mí, viéndome con una calidez muy poco común en él.

──Será otro día ──respondo.

──¿Eso quiere decir que es una cita?

Como una cucharada, me pongo repentinamente nerviosa.

Nunca… nunca he tenido una cita romántica, me da algo de miedo el asunto.

──Pues… no lo sé…

──Entonces… ──Se inclina sobre la mesa, acercando su rostro al mío──. ¿Qué opinas si te espero a tu hora de salida para que te vengas conmigo?

Me muerdo el labio.

──¿Hoy? ──cuestiono algo preocupada──. Había prometido ayudar a Rebeca con algunas cosas para los bebés y…

──Que no vayas un día no se va a morir ──interrumpe──. Además, son sus bebés, creo que estará bien si no vas.

──Pero…

──Vamos, di que sí. ──Me roza el rostro con su mano.

Sonrío.

──Vale. ──acepto, haciéndolo sonreír. Solo que uso mi cuchara para alejarlo de mí──. Pero aléjate, que nos pueden ver.

Gruñe, pero hace caso y se acomoda en el asiento.

Detallo su rostro, recordando las preguntas de Adriana que me hicieron dar cuenta que en realidad no sé nada sobre él. Tal vez hoy pueda…

──¡Hey! ──El grito de May me saca del trance, entro en pánico al instante──. ¿Qué diablos haces? ¡Aléjate de mí Rosie!

Me toma del brazo para levantarme. Está hecha una furia, siento que va a matar a alguien en cualquier momento.

──Tranquila, primita. ──dice Rafael mientras se levanta──. Solo le estaba hablando.

Apenas Rafael roza mi cabello, May me aleja más.

──Eso sí que no ──le gruñe May──. Mírala con las manos y tócala con los ojos.

La miro sin entender, ¿qué diablos dice?

──¿Eso le dices a Mario cuando él la toca por todas partes?

Ay, Dios.

Pero May me sorprende.

──No lo hago, Rosie es de Mario hasta que llegue el hombre de su vida. Vive con ello.

Definitivamente, ellos no son normales.

Pero me inquieta la mirada de Rafael, la observa con tanta seriedad y oscuridad en sus ojos, que me tenso. May parece sentirlo, porque frota mi brazo con suavidad.

──Me retiro. ──Rafael se encoge de hombros y yo lo veo algo extrañada.

Porque acaba de tener una buena oportunidad para disculparse con ella y no la aprovechó.

Ambas lo vemos alejarse.

──Rose, ¿por qué estaba contigo? ──pregunta y la veo con cierta timidez──. ¿Me dirás?

──Eh…

──Rosie, dime con confianza ──pide.

Pero no soy capaz de verla a la cara.

──Solo… no digas nada a nadie.

──¿Por qué? ¿Te está molestando? ──Me muerdo el labio──. Si te está molestando, no puedo guardarte ese secreto, hay que poner ese idiota en su lugar. No puede ir con el pensamiento de que puede acercarse como si te tuviera confianza, es inaceptable.

Ahora sí que la veo.

Parece no darse cuenta que estaba correspondiendo, no sé cómo tomarme aquello. Porque la culpa y el alivio luchan por imponerse.

──No es nada ──aseguro──. No puedo molestar a todos siempre que me moleste, sino, nunca me dejarían sola.

──¿Tanto te molesta?

Creo que cada tontería que digo, es peor que la anterior.

──De verdad, todo está bien. ──Le sonrío como puedo.

La culpa salió victoriosa.

Porque ahora le estoy mintiendo a May.

──Pero…

──Por favor, no lo digas… ──suplico──. Mario y Cristian… no quiero darle más preocupaciones. Sabes que él no lo vale.

Suspira.

──De acuerdo ──acepta.

No pude evitar preguntarme en qué clase de persona me estoy convirtiendo si estoy mintiéndoles a todos con respecto a Rafael. Y lo que más me asusta… es que no me gusta esa persona, porque las mentiras no hacen más que crecer.

***

──No creo que esto sea una buena idea ──murmuro.

Observo la entrada del bar de la última vez. Y estoy de lo más nerviosa, esto es un límite que no sé si quiero cruzar. Es poner a prueba todo el beneficio de la duda que le estoy dando, me pone de lo más ansiosa tener que ser yo el sujeto de prueba para ver si de verdad cambió o no.

──Confía en mí, Rose. ──pide Rafael, dejando un beso en mi cabeza.




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