La Clave de Rose (colección: Cde #3)

Capítulo XXIV

Simón solo se ríe, voltea a verme sin hacerle caso y se acerca a mí dos pasos.

──Tiempo sin verte, Florecita. ──La expresión de molestia en Rafael crece──. Estabas tan tensa la última vez que solo quería que me conocieras mejor. Es un placer finalmente conocerte de cerca, ¿cómo estás?

Me ofrece su mano para estrecharla, y aunque Rafael se resiste, me salgo de su agarre para poder tomarla cómodamente.

──Bien, ¿y tú?

──Muy bien ──responde──. ¿Cómo está Cristian? ¿Te sigue buscando luego de clases?

Frunzo el ceño con confusión mientras retiro mi mano.

──Él no me busca luego de clases.

──¿Segura? La última vez que hablamos te vi, no puedes negarlo. Su cabello rojo es inconfundible.

No negaré que el cabello de Cristian es de verdad único y llamativo, pero…

Era Daniel.

Él es pelirrojo sí, parece algo de familia y es chistoso. Pero me da cierta gracia que diga que es inconfundible y al final si lo está confundiendo.

──Bueno, ya. ──interviene Rafael, alejándome de él──. Ella y yo tenemos algo qué hacer, puedes irte.

Simón se dirige a él.

──¿Me puedo quedar con ustedes?

──No ──responde de inmediato──. Vete ya, tienes trabajo, ¿no?

──Tenía ──corrige──. Me detuvieron en el punto de control por un problema de acceso puntual, no entendí nada.

Mi boca se abre por sí sola.

──Si es un problema de acceso puntual, lo más probable es que la carta CAE que enviaron no estaba con los datos correctos o que no fue enviado a tiempo. Deberías asegurarte que tenga los datos de la mutua, es lo que normalmente da problemas.

Ellos me miran perplejos y yo siento algo de vergüenza.

──¿Cómo sabes de eso? ──pregunta Rafael.

──Ayudaba a mi tío haciendo lo mismo para que dejaran a Cristian trabajar en el local, pero como comenzó a ir de forma frecuente, se le dio de alta en la plataforma del centro comercial. Con todos los documentos de prevención.

Me muerdo el labio al ver que ambos siguen mirándome, parecen no entender nada de lo que digo.

Lo más gracioso es que así era Cristian al principio, no me entendía nada. Con el tiempo y luego de tantas renovaciones de documentación, lo entendió.

Simón observa a Rafael.

──Bueno, préstame a tu chica.

Apenas intenta tomarme de la cintura, Rafael se acerca rápido y lo aparta.

No sé quién está más sorprendido de los tres por eso.

──Tranquilo ──le digo a Rafael──. Le explicaré lo que sé y podremos irnos, ¿vale?

Rafael se muerde el labio, inquieto.

──Sí, Rafael. Tranquilo ──habla Simón──. Parece que se te olvida lo que tienes que hacer en primer lugar, ¿qué te pasa?

Aquello me confunde, pero el rubio responde.

──Vuelve a decir algo de eso, y me la llevo para que no te explique nada ──gruñe con molestia.

¿Y a estos dos qué les pasa?

Parecen retarse con las miradas, por lo que tomo la iniciativa.

Me acerco a Simón y lo jalo del brazo. Parece sorprendido ante mi confianza, pero se deja llevar por mí.

Nos sentamos en una de las mesas y él me muestra lo que le dijeron de la empresa donde tenía que trabajar, observando levemente la plataforma de acceso que usan en el lugar al que tiene que ir. No es la misma que usa el centro comercial donde trabajo, pero es básicamente lo mismo.

Le explico lo que debe tener en cuenta… tres veces, de verdad no comprendo qué es tan difícil de entender.

Cuando subo la mirada, Rafael está mirándome.

──Ay, Rafael. ──Él vuelve a tensarse ante la voz de Simón──. Creo que estás perdiéndote.

Niega de inmediato.

──Claro que no.

──Pues, es lo que parece. ──Simón recoge sus cosas y se levanta──. Gracias por esto, Florecita. Espero no te moleste que vaya a visitarte a tu trabajo si tengo otra duda.

──No hay problema.

Me pellizca la mejilla; escucho a Rafael gruñir por lo bajo.

──Trabaja, Rafael. ──dice, comenzando a alejarse──. No te veo ningún progreso.

Cuando se va, me vuelvo hacia el rubio.

──¿Te estoy distrayendo de tu trabajo?

Su mirada parece culpable.

──Un poco ──confiesa.

Me levanto.

──En ese caso, podemos salir otro día. No quiero que te metas en problemas por mi culpa.

Ahora él se levanta, inclinándose hacia mi rostro.

──Ya lo estoy, Florecita.

***

Estoy recostada en mi habitación, hoy no tenía clases y fue un alivio, porque estoy de tan buen humor que comencé a cantar desde temprano. No puedo dejar de hacerlo, mis padres en más de una oportunidad han entrado para escucharme un rato, parecen felices de hacerlo.




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