Por un momento creí que se acercaría, pero solo le hace una seña a Cristian y este reacciona. Se levanta, me tiende su mano y yo la acepto. Solo que estoy tan afectada por la bebida que mis piernas no responden, y termina agachándose para tomarme en brazos.
Rodeo su cuello con mis brazos y le miro con detalle.
──¿Y esa gorra? ──pregunto mientras él comienza a llevarme al auto──. Es de noche, ¿para qué la tienes puesta?
──Combina con este lugar. ──Se la quito para ponérmela, eso lo tensa──. Rose, espera… no me la quites ahora.
──¿Por qué?
──Por favor, solo pónmela de nuevo.
Y comienzo a decir estupideces, ignorándolo.
──Sabes, acabo de experimentar el primer orgasmo.
──¿Qué?
Comienzo a reír.
──No contigo ──aclaro──. Con otra persona.
──¿Quién? ──Su tono duro me hace reaccionar.
──Con una chica ──logro mentir──. Tal vez mis padres tengan razón y sí soy lesbiana.
──¿Qué cosas dices? ──pregunta en voz baja.
Abre la puerta como puede y me sube al asiento del copiloto, no termino ni de acomodarme cuando me quita la gorra para ponérsela de nuevo. Se ve incómodo.
Comienzo a reír por eso.
──¿Te incomoda que lo sea?
──Claro que no, Rose.
──Es que… ──comienzo a decir, limpiando mis lágrimas ante la risa──. me flechaste tanto que ya no me interesan los hombres. ¡A por las mujeres, carajo!
Me cierra la puerta y yo estallo en carcajadas.
Cuando se sube a mi lado, enciende la luz dentro del auto y toma mi rostro para verme fijamente.
──Tienes los ojos rojos ──gruñe con dureza, enojado──. ¿Con quién estabas?
Dejo de reír ante su seriedad.
──Estaba sola.
──¿Cómo que sola? ──pregunta con horror──. Rose, este lugar… este lugar es peligroso. Ni siquiera Mario puede venir por aquí y…
Me suelta y desvía la mirada con pesadez, luciendo terriblemente cansado de pronto. Apaga la luz del auto y se quita la gorra, apoyando su frente en el volante.
Dirijo mi mirada al lugar por un segundo antes de volver a enfocarla en él.
──¿Ustedes venían aquí? ──me atrevo a indagar.
Cristian mantiene su rostro oculto al responder.
──No quiero hablar de eso. ──declara, entonces vuelve a verme. Se endereza en el asiento antes de continuar──. ¿Alguien dentro de ese lugar te dio una bebida?
Trago saliva.
Al verlo así, decido responder con honestidad y la mejor seriedad disponible.
──Como te dije, solo fui a tener mi primer…
──No lo digas ──suplica──. Necesito que te quedes quieta.
──¿Por qué…?
Pero me callo al ver cómo se acerca, me había dejado sin habla hasta que noto que lo hizo para ponerme el cinturón de seguridad.
Lo observo a detalle, recordando todo lo que le dije aquella tarde en mi casa. Y a pesar de eso… aquí está, me vino a buscar sin dudar aunque no le gusta estar en este lugar.
──Lo siento. ──suelto finalmente mientras él se pone su cinturón, no me regresa la mirada y eso me pone de los nervios──. De verdad, lo siento mucho.
Se queda quieto un momento, pero asiente.
──No es nada ──murmura.
Pero me quito el cinturón y me acerco a él de nuevo, me detiene cuando estuve a punto de arrastrarme hasta su regazo.
»¿Qué haces? Quédate sentada.
──Siempre me siento en las piernas de papá cada vez que estoy triste ──musito como niña consentida.
──Vale, pero no soy tu papá.
Eso me rompe el alma.
Comienzo a llorar, sintiéndome destrozada por haber dañado mi relación con él. Me aparto y me acomodo de nuevo en mi asiento, intentando poner de nuevo mi cinturón con torpeza.
Y solo hago el ridículo, porque Cristian vuelve a ponérmelo.
──Rose, no llores ──susurra──. Lo lamento, no debí decirte eso así. Lamento haberte gritado aquel día, yo debo respetar tus decisiones, lo lamento.
Sus disculpas me hacen sentir peor, mi llanto aumenta como consecuencia.
»Rose… por favor, no llores. Creo que te he dicho que verte lastimada me destroza por completo. ──Me tapo el rostro para que no me vea──. No te escondas así, vamos…
──Sé que me odias.
──No te odio, Rose. Jamás lo haría. ──Me atrevo a verlo, haciendo espacio entre mis dedos. Cristian sonríe un poco, acercándose para tomar mis manos y alejarlas de mi rostro──. Lamento haberte molestado ese día.
──No lo hiciste ──respondo en voz baja.
No dice nada, solo aprieta mis manos antes de soltarlas.
──Pon las manos aquí. ──Señala la guantera, obedezco de inmediato──. Quiero que las mantengas allí hasta que lleguemos, ¿puedes?
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Editado: 06.07.2026