La Clave de Rose (colección: Cde #3)

Capítulo XXIX

Cristian

Me recuesto hacia atrás en el sofá, extrañando más que nunca el sofá cama que dejé en el apartamento. Me da mucha vergüenza quitárselo a July porque Alan adora dormir allí, pero me ha hecho falta en momentos así.

Cubro mis ojos con el antebrazo.

Cuando Rose me gruñó todas esas cosas aquel día, me dolió más de lo que esperaba, es como si hubiese sido la propia Lucía la que me habló de esa manera. Estaba triste sí, pero son sus decisiones y ya no quería molestarla.

Rebeca me había dicho más de una vez que la buscara, pero no quise hacerlo y repetir una historia que ya viví.

Fuerzo a controlar mis pensamientos, ya eso quedó atrás.

Ahora me alivia enormemente tenerla aquí, tenerla sana y salva.

Tenso ligeramente la mandíbula al pensar en Rafael, se las ha ingeniado para frecuentar a Rose sin que lo veamos. Ni siquiera Mario lo sabe, y cuando lo sepa no creo que la situación se ponga precisamente bonita para él.

Entonces, ¿por qué se acerca a Rose?

Lo conozco demasiado bien, los cambios… no suelen suceder, no son imposibles y hay excepciones. Pero son tan contados que el número queda en ridículo ante la mayoría.

Solo me queda desear eso, que Rose sea la excepción de estos casos. Que si Rafael está detrás de ella sea por algo… sincero.

Pero la mayor prueba de que no es así, son los ojos rojos de Rose y su incapacidad para caminar.

Quito el brazo cuando escucho la puerta abrirse, saliendo Rebeca y Rose de allí, con esta última apoyándose en Rebeca para poder caminar. Hago una mueca al ver que Rose sigue igual de perdida, es más que obvio que está drogada, tengo que respirar para no hacer una tontería.

──Ya puede mantenerse en pie, pero es la única mejora. ──dice Rebeca, sonriéndome algo apenada──. Creo que es mejor que la vayamos a recostar.

──Tengo que… llamar… mi mamá… ──Rose mira a todos lados, buscando su bolso, solo que no se da cuenta que lo tengo yo.

Jamás había querido tanto hacer una tontería.

Me concentro y le doy el celular a mi Ballerina, ella habla con la mamá de Rose presentándose como mi esposa. Solo basta decir mi nombre para tranquilizar a la mamá de Rose, Rebeca sonríe al percatarse de ello.

──Los padres de Rose son un encanto. ──Hago una mueca al ver la mirada de tristeza en mi Ballerina.

Algo me decía que se pondría así al tratar a los padres de Rose.

Antes de que me acerque, Rose abraza a Rebeca envolviéndola por completo.

──Quiero dormir con mamá ──exige.

No puedo evitar reír al ver la carita llena de vergüenza de mi Ballerina.

──Tranquila, Rose ──habla Rebeca con cariño──. Dormirás en la otra habitación, puedes llamarme si me necesitas…

Pero Rose hace un berrinche.

──¡Quiero dormir contigo! ──exclama──. ¿Y si tengo pesadillas? Suelo tener pesadillas cuando duermo sola.

Sacudo la cabeza con diversión al verla así, parece niña consentida.

──De acuerdo, duerme conmigo ──acepta Rebeca, ahora mi esposa es la madre consentidora.

Tengo que vigilarla de cerca, no quiero que consienta demasiado a los bebés.

Entonces Rose me mira.

──¿Papá también dormirá con nosotras?

──No. ──respondo de inmediato, me dirijo a Rebeca──. Ballerina, duerme con ella en la habitación, yo iré a la otra…

Pero me detengo al ver los ojos llenos de lágrimas de Rose.

Me muerdo el labio mientras observo a Rebeca, ambos nos rendimos. No queda de otra. Apenas abrimos la puerta ella se sube a la cama con total confianza, acomodándose en el medio y palmea cada lado de ella.

Volteo a ver a Rebeca.

──Ni loco ──le digo.

Rebeca ríe.

──Tranquilo, Cristian. Ella… está perdida ──dice con preocupación──. Síguele la corriente hasta que se duerma.

──Ballerina, esto no me gusta.

──Tranquilo, no creo que te vaya a meter mano frente a mí.

──¡Ballerina! ──le siseo en voz baja. Después de todo, los bebés están dormidos.

Pero mi esposa me ignora, subiéndose a un lado de la cama.

Rose me mira suplicante, no me queda otra que hacer caso. No pienso cerrar un ojo.

Apenas me siento a su lado, Rose me sorprende. Gira hacia Rebeca y la abraza, casi encima de ella. Es la primera vez en mi vida que siento celos de una mujer.

──Rose, aplastas a Rebeca. ──Intento apartarla, pero Rose se aferra más a Rebeca──. Rose…

Ella me gruñe.

──Ella es mía.

Los celos tontos e inevitables me dominan.

──No, ella es mía. ──le gruño. Tiro de ella con más fuerza, pero Rose no la suelta──. Deja de abrazarla así, maldita sea.

Rebeca me mira mal. Creo que le debo un billete.




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