La Clave de Rose (colección: Cde #3)

Capítulo XXX

Me estiro, quejándome del dolor que siento en mi cabeza. No sé qué diablos hice anoche, pero quiero matarme por beber tanto. Siempre había escuchado de la famosa resaca del día después, y yo cómo tonta hice caso omiso y me puse a beber como si…

Detengo mis pensamientos.

¿De verdad bebí tanto?

Recuerdo que fueron dos vasos, tres cuando mucho. Pero ciertamente luego del tercero ya todo es borroso, mi mente recuerda poco de ese lugar.

Miro a mi alrededor, no logro procesar por completo nada de lo que me rodea. Jamás me había despertado tan perdida. Me incorporo sintiéndome totalmente desubicada. Ni siquiera la ropa que tengo es mía, ¿qué pasó anoche? Parte de mí se asusta.

Abren la puerta y la persona al verme sentada, enciende la luz.

Cristian.

Aparto la mirada llena de culpa, no me he disculpado y...

Espera, ¿él qué hace aquí?

──¿Qué haces en mi casa? ──pregunto con timidez, aún desubicada en el tiempo y en el espacio──. ¿Por qué ahora mi mamá te deja pasar tan temprano a mi habitación?

──Eh… ──Pero no le dejo hablar.

Necesito dejar de ser tan cobarde. Debo enfrentar cuando hago las cosas mal, y definitivamente fui una total grosera aquel día.

──Cristian, no tienes que dejar la tienda ──comienzo a decir──. Mi tío te valora muchísimo, no quiero que por mi culpa te alejes.

──Espera…

Pero me levanto, sin importarme que debo verme del asco, me acerco y lo abrazo. Puedo sentir su sorpresa, pero a los segundos corresponde el gesto.

──Lamento lo que te dije ──musito, dolida──. Dejando toda incomodidad que teníamos al principio, yo me siento afortunada de que alguien como tú me cuide como su hija. Perdóname y no te vayas.

Suelta una risa que me hace mirarlo, encontrándolo sonrojado por completo.

──No me iré, tranquila ──responde──. Pero… deberías mirar a tu alrededor.

Le hago caso. Alzo las cejas al caer en cuenta que no estoy en mi habitación, sino en la habitación de Cristian y Rebeca.

──¿Qué hago aquí? ──pregunto y en eso, memorias de mi anoche llegan a mi cabeza, todas de golpe, provocando un terrible dolor de cabeza y una vergüenza inconmensurable. Retrocedo horrorizada y caigo sentada en la cama. Me tapo con las sábanas en un desesperado intento de desaparecer──. No puede ser, diablos.

──Rose…

De solo escuchar su voz, recuerdo todas, y cada una de las locuras que dije anoche.

Mátenme, ¡mátenme ahora!

──¡Cómo lo lamento! ──exclamo mientras vuelvo a levantarme de la cama con la sábana encima, no dispuesta ver a nadie a los ojos──. Lo siento mucho, yo… ¡mierda!

Me caigo y mi cabeza duele más ante la sacudida. La tomo con fuerza. Paralizada del horror al recordar cada palabra que salió de mi boca, de cómo me comporté estando con ellos.

Rose, eres una tonta.

¡Me le lancé encima a Rebeca y dormí en el pecho de Cristian!

¿Qué diablos era esa bebida?

──Tranquila, Rose. Nadie está molesto contigo ──dice.

──Lo lamento tanto, en serio. Qué vergüenza siento…

──Te dije anoche que sentirías vergüenza, pero no quiero que la sientas. ──Me quita la sabana de encima y se arrodilla frente a mí──. Me alivia enormemente haberte tenido segura en mi casa.

──Pero…

──¿Has visto a Mario perdido en alcohol? ──Niego con la cabeza luego de pensarlo un poco──. Créeme que esto no se compara, el idiota hacía total desastre.

No es difícil de creer.

Hago un puchero, eso lo hace sonreír y pellizca mi nariz.

Vuelvo a reaccionar.

──Mierda, mi mamá.

Me levanto en búsqueda de mi celular, cuando veo de reojo como Cristian también se levanta antes de hablarme.

──¿De cuál mamá hablas? ──pregunta──. Si hablas de Rebeca, te está preparando el desayuno. Si hablas de tu verdadera mamá, anoche Rebeca la llamó para decirle que te quedaste a dormir con nosotros.

Me tapo el rostro con ambas manos.

Odio mi vida.

¿Ahora cómo se supone que veré a mi propia madre a los ojos luego de toda esta locura? Yo no suelo hacer estas cosas, detesto la idea de decepcionarla.

──Dios. ──Suspiro mientras me siento en la cama, sosteniendo mi cabeza──. Cristian, cómo lamento…

──Que no te disculpes. ──dice y volteo a verlo──. Aunque, me gustaría saber qué diablos hacías con Rafael en ese sitio.

Diablos, modo padre activado.

Tal vez no debí disculparme.

──No estaba…

──Ni intentes negarlo ──advierte──. No vuelvas a ese sitio.

Rebeca se adentra en la habitación, y alza una ceja en dirección a Cristian.

──Cristian. ──le gruñe, poniéndolo visiblemente nervioso──. No la regañes, debe dolerle la cabeza.




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