La Clave de Rose (colección: Cde #3)

Capítulo XXXII

Me arrojo a mi cama, agotada.

Tengo planes de no volver a salir de esta habitación ni estando muerta, decir que siento vergüenza es decir poco. De solo recordar todas las tonterías que le dije a Cristian y la forma en la que me metí mano a Rebeca… entiendo menos cómo me tienen tanta paciencia, pero lo hacen.

Veo mi celular, haciendo una mueca al ver que no me ha respondido. ¿En serio hice algo mal?

Hago memoria, recordando todo lo que me hizo y mi cuerpo tiembla por completo. No creo haber hecho algo mal cuando se veía que estaba… complacido, supongo.

No quise salir de mi habitación en lo que quedó del día, estaba lamentando todas mis decisiones cuando de pronto tocan mi ventana.

Me levanto, asustada.

Solo me calmo al ver que es Rafael.

──¿Qué haces aquí? ──pregunto al abrirle la ventana.

Ahora que lo veo de frente, me doy cuenta que estoy furiosa con él.

¿Cómo es posible que me dejara sola en ese lugar? Con todos los peligros, me pudo haber pasado algo, estaba de lo más borracha, eso…

──Te extrañé demasiado ──murmura.

Mis hombros caen.

Mantente molesta, Rose. ¡Mereces explicaciones!

──¿Por qué me dejaste sola en ese lugar? ──pregunto antes de que el enojo se vaya por completo──. ¿Por qué ni siquiera me preguntas cómo hice para…?

──Hey, hey. ──Se adentra por completo en mi habitación──. Me fui porque me dijiste que me fuera, que pedirías un taxi para…

──¿Tanto te costaba esperar?

──Oye, me dijiste que estabas bien.

──¿Y de verdad lo estaba?

Su rostro se contrae viéndose algo culpable. Solo que respira y la expresión desaparece por completo.

──¿Tomaste un taxi? ──cuestiona finalmente.

──No. Cristian…

Al ver el rostro que puso al escuchar ese nombre, mi voz se apaga.

──Rose, entiendo que seas tan amiga de Mario y eso, pero tú solías estar enamorada de Cristian. ¿Por qué de repente son tan cercanos?

──¿Por qué me lo dices de esa manera? ──Por alguna razón, me siento culpable──. Es solo mi amigo.

──¿De verdad solo tu amigo?

Bueno, se comporta más como mi padre que mi propio padre. Un poco más y Cristian me castiga a la esquina para que reflexione sobre mis locuras de anoche.

──Sí, lo es ──susurro.

──¿No se supone que estaban peleados? ──No digo nada──. ¿En serio te disculpaste? ¿No te das cuenta que…?

Lo detengo.

──Oye, tranquilo. ──Lo abrazo y él guarda silencio──. Todo está bien, de verdad. ¿Por qué no confías un poquito en mí?

──¿Y tú confías en mí? ¿No confías cuando te digo…?

──Sí, sí confío en ti. ──interrumpo y veo en él de nuevo esa expresión culpable──. Tranquilo, todo está bien, nadie me está usando o manipulando, tranquilo.

Su expresión crece.

──Yo… ──Suspira──, de acuerdo.

──¿Sucede algo?

Parece inquieto, como si la culpa de haberse ido lo estuviera consumiendo. Buscándolo hacer sentir mejor lo empujo a mi cama y me subo a sus piernas, sonrío cuando funciona. La expresión en su rostro pasa a ser una completamente hipnotizada.

──¿De verdad confías en mí? ──me pregunta.

──Claro.

Pega su frente contra la mía.

──Eres… ──empieza a decir en voz baja──, demasiado dulce para ser cierto.

Me toma del rostro y me besa, lo abrazo con fuerza para corresponder. Amo sentir sus labios, no me acostumbro a cómo me devora. Todos los problemas se desvanecen y las preocupaciones se vuelven más livianas, podría besarlo todo el día para siempre sentirme así.

Mi celular comienza a sonar.

──Responde. ──murmura, acercándose para comenzar a besar mi cuello.

Siento cierta vergüenza cuando siento sus manos colarse bajo mi camiseta, no me acostumbro a que me toquen de esta manera.

Como puedo, alcanzo mi celular y contesto la llamada sin ver quien es.

──¿Sí?

──Rose, Ballerina y yo queremos invitarte a cenar y… ──Suelto un suspiro ante una caricia sin evitarlo──. Eh, ¿qué haces?

Ah, diablos.

Intento apartarme, solo que Rafael me toma con más fuerza.

──Quédate conmigo ──suplica en voz baja sobre mi oído.

No puedo negarme si me lo pide así.

──No puedo, lo siento ──respondo al celular.

──¿Qué haces? ──insiste.

Intento responder, pero Rafael comienza a succionar varios puntos en mi clavícula.

Aaaggh, ¡no puedo concentrarme!

──Estoy… ──Pongo todo de mí para reprimir otro suspiro que quiere salir──, ocupada.




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