Al final de las clases, como siempre, salgo volando para no quedarme allí ni un segundo más.
──Hola, Florecita. ──Sonrío un poco al escuchar a Rafael en la calle de siempre.
──¿Cómo estás? ──pregunto.
──Muy bien. ──Toma mi cintura y me acerca para darme un beso──. ¿Qué te pasó en la frente?
Supongo que ya se convirtió en una montaña.
──Alguien… metió el pie mientras caminaba y me caí. No pude detener la caída.
Mira mi frente con atención.
──Ah…
──Tal vez deba decirlo, que ya comiencen a hacer estas cosas…
──No creo que hagan caso, no es la gran cosa.
Hago una mueca. Eso es lo que más me preocupa, que no sea la gran cosa.
Uno de mis mayores miedos de si llego a decir todo lo que sucede, es que me digan que no es nada y que no es algo de lo que preocuparse. No quiero escuchar que soy una exagerada o soy demasiado sensible, por lo que… decido seguir guardando silencio.
──Mejor… no digo nada, no quiero que me echen la culpa de todo esto ──musito con desgana.
Rafael me abre la puerta de su auto sin decir otra cosa, una vez entro, lo veo dar la cuenta para entrar por el otro lado, conduce en silencio hasta la entrada del centro comercial. Al llegar solo sale del auto sin dirigirme la mirada y abre mi puerta, al bajarme no puedo evitar preguntar:
──¿Por qué no me hablas?
Él desvía la mirada.
──Estoy… pensando en otras cosas.
──Oh, ¿muy importantes? ──pregunto.
Estoy a punto de pedirle que me cuente un poco, para distraerme de lo que me sucede. Pero su respuesta…
──Que tú, sí. ──musita en voz baja mientras cierra la puerta de copiloto.
Aquello fue como un golpe, uno que al principio pensaba que era pequeño, pero no. Fue enorme.
Esas palabras, las inseguridades de Mario y May, mi relación extraña con Rebeca y Cristian más la situación de la Universidad…
Diablos, ¿no valgo nada?
Veo cierta tristeza en la mirada de Rafael, solo que no pude detallarla porque vuelve a dar la vuelta a su auto y se sube para luego irse sin despedirse.
Quizá sí era más importante lo que tenía que hacer.
Camino por el centro comercial dirigiéndome hacia la tienda, solo pido una jornada normal. Una jornada donde ningún cliente provoque que pierda los estribos, ya que no tengo mucha paciencia, al menos por hoy. El día ha sido una completa basura.
Apenas entro y ya quiero irme, solo quiero dormir.
──Hola, tío Roberto ──saludo con pesar.
Pero se altera al verme.
──¿Qué te pasó, Rose? ──Se acerca a mi──. ¿Te golpearon o algo así?
Suspiro.
Para mi mala suerte, por la ubicación del golpe de esta mañana parece eso, que alguien me golpeó.
──No, lo prometo. ──aseguro y camino hacia la oficina para dejar mis cosas──. Me caí cuando estaba corriendo y…
Las palabras se traban cuando veo a Cristian en la oficina con un destornillador en la boca. Alza ambas cejas al ver el golpe en mi frente.
»Y… me di de cara con el suelo. ──termino de contar mientras arrojo el bolso sin ningún tipo de cuidado.
──¿Estás segura?
──Que sí. ──Tomo la escoba con desgana, ignorando al pelirrojo──. Fue hasta gracioso.
Tan gracioso, que algunos se rieron y me dejaron en el suelo.
Recordar eso hace que mis ojos ardan ante la vergüenza que siento.
Comienzo a barrer en un claro intento de mantener la vista baja para no tener que ver a nadie a los ojos, hace meses me sentía con mucha energía y ganas de dar pelea a todo lo que se me ponga en frente. ¿Por qué ahora tengo tan pocas ganas de siquiera levantarme?
Al terminar, me acerco al baño de la tienda y observo el golpe, está empezando a adquirir un tono morado. Se ve horrendo.
Mientras rebusco en el botiquín, Cristian se me acerca.
──¿En serio te caíste? ──pregunta mientras toma las cosas, rebuscando por sí mismo.
──Sí, sé que suena a mentira ──admito──. Pero estaba corriendo y me caí, tenía libros en las manos. No pude evitar el golpe.
Suspira.
──Voy a tener que confiar en ti, Rose. ──murmura, toma una pomada que encuentra y comienza a aplicarme.
Guardo silencio, esperando a que termine de aplicar la crema.
»¿Te duele otro lugar? ──pregunta.
Me duele hasta el alma.
──No, estoy bien. ──Sonrío como puedo.
──Vale. ──responde y entonces guarda la crema──. Te ves agotada, Rose. Hace tiempo que no vas a la casa, Lucía y Lucas te extrañan.
──He estado ocupada.
──¿Necesitas ayuda para estudiar? ──indaga, tomando unas gasas.
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Editado: 30.07.2026