La Clave de Rose (colección: Cde #3)

Capítulo XXXVI

Pasamos el rato así, él hablándome de cada bebida junto a una anécdota sobre ella haciéndome reír. Cómo me encantan sus historias, siempre tiene algo chistoso que decir, hace que todo parezca divertido.

Pero también… noto cierta tristeza, me mira con cierta preocupación en momentos. Solo que se va con rapidez para sonreírme como si nada.

De pronto me quita el vaso.

──¿Cómo te sientes? ──pregunta.

──Me siento bien.

Él ríe.

──Sí, claro. ──Menea la cabeza──. Levántate.

Cuando lo hago, todo me da vueltas. Mario tiene que sostenerme para que no me caiga.

──¿Qué sucede?

──Ese es el límite ──murmura──. Tomaste bastante, tienes buen aguante. ¿En serio no recuerdas lo que tomaste la última vez?

──No pregunté, lo lamento.

Suspira.

──Bueno, ya conoces tu límite ──dice──. ¿Crees que puedas reconocerlo cuando estés sola?

Veo a mi alrededor, cada vez que muevo la mirada es como si lo procesara con ciertos segundos de retraso. Es imposible no notarlo.

──Sí, creo que sí.

──Vale. ──Me toma con firmeza y me lleva a la caja para pagar──. Te dejaré en casa, te recomiendo que te duermas si no quieres que tus padres te vean así.

Comienzo a reír ante la idea, y Mario me mira divertido.

──¿Cómo crees que me voy a dormir si estoy así? La última vez, estuve molestando por horas a mis segundos padres.

──¿Ajá? ──Asiento──. Te apuesto a que te duermes en el auto de camino a casa.

──Apuesto a que no.

Apenas salimos del establecimiento, en un impulso me separo de su agarre.

──¿Qué sucede…? ──Solo que se calla cuando me pongo en su espalda, donde me subo de un salto──. ¿Soy tu caballo ahora?

──Sí ──digo riendo──. No me sueltes y llévame así.

──No creo poder, estás muy pesada. ¿Comiendo mucha pizza?

──No seas tonto. ──gruño y me abrazo a él por completo, usando tanto brazos como piernas. Dejando toda incomodidad atrás.

Él comienza a caminar.

──Te diré otra regla.

──No creo que la recuerde.

──No estás tan ida, estás alegre, y ese debe ser el límite si estás sola. ¿Me entiendes?

──Sip. ──Es la primera vez que tengo su cabeza al alcance, por lo que, queriendo regresar sus gestos: planto un beso──. Dime la regla.

──Bueno, regla número seis. ──anuncia y saca como puede las llaves del auto──. No abraces de esta manera a cualquiera, ni mucho menos permitas que se aprovechen estando en este estado.

──Entendido. ──Me rio. Él me baja con cuidado y me ayuda a subir al auto──. A veces no sé quién me cuida más entre Cristian y tú.

──Debo ser yo. De no serlo, me pondré muy celoso. ──Vuelvo a reír. Pero dejo de hacerlo cuando de pronto Mario toma mi rostro con sus manos──. Úsanos, Rosie.

Me lleno de intriga.

──¿Cómo que los use?

──Úsanos de referencia ──pide──. Observa cómo te cuidamos, observa cómo te miramos. Te tratamos como un tesoro sin necesidad de tener una conexión romántica contigo, que te sirva de referencia cómo debe tratarte la persona que esté a tu lado. Esa persona no debe solo igualarnos, sino superarnos. ¿Entiendes?

Se me acelera el corazón.

Mario es así, simplemente tiene la habilidad de dejarte sin palabras cuando se lo propone. Y aunque ahora puedo entender por qué me cuida tanto, sigue intrigándome cómo es que Cristian también lo hace.

Al cabo de un rato me suelta y cierra la puerta. No dijo nada más, solo comenzó a acelerar.

Y yo perdí la apuesta.

***

Me remuevo cuando siento caricias en mi rostro.

──¿Rose?

Abro los ojos al escuchar la voz de Rafael.

──¿Qué haces en mi habitación?

¿Dejé la ventana abierta? Dios, a la próxima me matan.

──¿Estuviste bebiendo? ──pregunta en lugar de responder──. Desde aquí me llega el olor.

Sonrío al recordar las explicaciones de Mario, en cómo era cada bebida y la manera correcta de tomarla. Lo cual contradice mucho a como él suele beber, Mario es completamente adorable por dentro.

Debió cargarme hasta aquí y eso me da algo de vergüenza con mis padres. Es la segunda vez que me traen dormida.

──Sí, tuve una clase. ──Río al decir aquello, es la segunda clase de Mario.

──¿Clase de bebidas? ──pregunta sin entender del todo──. Vaya, debió estar muy buena.

──Lo estuvo, pero ahora me duele la cabeza. ──admito y me muevo para darle espacio en la cama, él se recuesta a mi lado.

──No deberías beber, no estás acostumbrada a eso.




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