La deuda del millonario

El primer beso

La fiesta terminó más tarde esa noche.

El auto avanzaba en silencio por la carretera.

Alina finalmente habló.

—No tenías derecho a comportarte así.

Sebastián apretó el volante.

—Era parte del papel.

—No.

Ella lo miró.

—Eso eran celos.

Sebastián no respondió.

Cuando llegaron a la mansión, Alina bajó del auto rápidamente.

Sebastián la siguió.

—Alina—

—No soy tuya —dijo ella girándose hacia él—. Esto es solo un contrato.

Sebastián se detuvo frente a ella.

—Lo sé.

—Entonces deja de actuar como si—

Pero no terminó la frase.

Porque Sebastián la besó.

El beso fue inesperado.

Fuerte.

Intenso.

Como si ambos hubieran estado esperando ese momento sin saberlo.

Cuando finalmente se separaron, Alina estaba sin aliento.

—Eso… —murmuró— rompe las reglas.

Sebastián la miró con una pequeña sonrisa peligrosa.

—Tal vez sea hora de cambiarlas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.