La deuda del millonario

Rumores

Los días siguientes fueron extraños.

Alina y Sebastián seguían actuando como pareja en público.

Pero ahora todo parecía diferente.

Las miradas duraban más.

Los roces parecían intencionales.

Y el beso…

Seguía presente entre ellos.

Una tarde estaban en un restaurante elegante cuando Alina notó que varias personas los observaban.

—Nos están mirando.

Sebastián sonrió.

—Eso es bueno.

—¿Por qué?

—Porque significa que el plan funciona.

En ese momento apareció Daniel nuevamente.

—Qué coincidencia encontrarlos aquí.

Sebastián tensó la mandíbula.

—No parece una coincidencia.

Daniel miró a Alina.

—Solo quería saber si todo estaba bien.

Sebastián se levantó lentamente.

—Ella está perfectamente.

Daniel no parecía intimidado.

—Eso lo decidirá ella.

La tensión entre ambos hombres era evidente.

Alina suspiró.

—Por favor, no empiecen.

Pero Sebastián ya estaba furioso.




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