La tensión explotó esa misma noche.
—¿Por qué no me dijiste la verdad? —preguntó Alina.
Sebastián caminaba de un lado a otro.
—Porque no quería que pensaras lo peor de mí.
—¿Y qué se supone que piense ahora?
Sebastián se detuvo frente a ella.
—Mi padre cometió errores.
—¿Fraude es un error?
—¡No sabes toda la historia!
Su voz retumbó en la habitación.
El silencio cayó entre ellos.
—Tal vez no —dijo Alina con tristeza—. Pero tampoco te conozco realmente.
Sebastián la miró como si aquellas palabras lo hubieran herido.
—Entonces tal vez deberías recordar algo.
—¿Qué cosa?
Su voz se volvió fría.
—Esto sigue siendo un contrato.
Las palabras dolieron más de lo que Alina esperaba.
Porque por un momento…
Había olvidado que todo empezó como una mentira.